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Ámame sólo una noche

8/4/13






Todo estaba silencioso, por más que intentara concentrarme en las cuerdas de la guitarra, me distraía en mis propios pensamientos.
No podía seguir con aquello fingiendo que esos sentimientos no estaban instalados en mi pecho y se movían como agujas en este.
Mirarte era lo único que podía apaciguar el dolor, y aun así no tenía suficiente con eso. Frenar mis instintos se estaba convirtiendo en algo tedioso para mi.

Con sólo desear acariciar tus cabellos así como tus labios, o incluso besarlos ya tendría suficiente, pero a la vez sabía que hacer aquello, luego ni siquiera podría parar. 
Todo era una locura. Estaba enloqueciendo por ti poco a poco y solamente podía ignorar todo lo que pasaba en mi interior noche tras noche. 

"Un poco más, sólo un poco" Susurraba cada noche dando vueltas en la cama, enredado entre las sábanas y el sudor de mi frente. Era una tortura, pero siempre iba a verte, todo por esa leve sonrisa que se dibujaba en tus labios nada más ver que volvía a estar allí.

Deseaba verte cada noche y eso era lo único que de momento me dabas, un día por fin haría lo que tanto deseaba. 

Meses pasaron, con pesadillas en una fría cama y leves sonrisas por tu parte cuando iba a verte. Conseguí disminuir las veces que iba a verte, que iba a tocar la guitarra mientras tu leías. 
Con todo ese rechazo aún iba a tu lado como si necesitara respirar. 

Te encontrabas sentado en tu sillón favorito, delante de mi, con tu libro habitual entre tus manos. 
Yo estaba en el suelo encima del cojín que siempre me habías dejado, con mi guitarra en las manos, pasando mis dedos por las cuerdas, concentrado en los acordes que debía hacer.
Sentí tu pesada mirada en mi, en lo que hacía.
Por fin te dabas cuenta de que estaba allí, esperando a que reaccionaras!

Te había costado tanto que lo hicieras... Al moverme para verte, te miré fijamente mientras uno buscaba el pensamiento del otro. Pero sólo conseguí dibujar una sonrisa para ti, a la vez que se instalaba un leve sonrojo en mis pómulos. No supe reaccionar de otra manera, por el miedo que comenzaba a oprimir mi pecho. 

Dejaste el libro en la mesilla que tenías al lado y de un salto te levantaste... Como pudiste huir de mi?
El corazón comenzó a quebrase, pero me di cuenta de que habías ido al lado contrario de la entrada de la casa, habías subido las escaleras por lo que dejé como pude la guitarra en el cojín y subí aprisa las escaleras.
Para buscarte.

Abrí la puerta del baño a la vez que soltabas un grito ahogado por la sorpresa. No, aquello no podía estar pasando de verdad, tal vez era un sueño, un dulce sueño en el que por fin dejabas que te abrazara, poder acariciar tu cabello largo y sedoso, acariciar tus suaves mejillas blancas y dejar un dulce y apasionado beso en tus hermosos labios.
Tu cuerpo tembló entre mis brazos, se sentía sumamente delicioso el que correspondieras al beso que había comenzado. Notando tus brazos pasar por mis hombros y tus dedos enredándose en mi cabello negro.

Alcé tu cuerpo del suelo y me moví hasta tenerte pegado en los azulejos del baño, intensificando cada vez más los besos, uniendo nuestras lenguas y tus piernas enredadas en mi cintura...

Un beso, sólo un beso más por esta noche. Una caricia de despedida. 
El sueño se terminaba y cuando abrí los ojos en la cama no había nadie mas que yo, con las sábanas revueltas como cada noche.
Una realidad difícil de soportar, con lágrimas en los ojos había decidido no ir a verte más, porque estar a tu lado se había vuelto demasiado doloroso aguantar. 


1 comentario:

  1. Me recuerda a todas esas pesadillas, más que sueños, en las catacumbas de París. Me ha gustado mucho, no dejes de escribir.

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