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Bajo La luna Azul | Andariel Morrigan

4/11/14

¡Hola Lovers!

Cómo ya dije traigo un especial de Halloween/Navidad que espero ir subiendo por partes (en vez de capítulos) cada semana.

Ya estoy comenzando la tercera parte, son cinco páginas cada una formato trebuchet MS tamaño 14.

¡Espero que os guste!






Bajo la luna azul - Andariel Morrigan















Parte 1



Logan se encontraba sumido en sus recuerdos, sentado en la tierra delante de una vieja lápida, en un muy antiguo cementerio. 

Ese día era su aniversario, Halloween. La tarde en la que tuvo un accidente. Él no iba bebido, ni siquiera se durmió al volante, fue el otro conductor, el que pocos días después se enteró que estaba en el hospital en coma.

Para Logan fue fatal. Para su familia, murió. A él le dieron una segunda oportunidad para vivir. 

Cuando ocurrió el accidente aún podía caminar, como pudo salió del coche por la ventanilla rota y se arrastó por la tierra y la maleza alejándose de allí con dolor en el cuerpo y sangrando. 

Cerca del bosque se derrumbó cansado de moverse y a causa del latente dolor. Logan quería que el dolor se fuera, pero sabía que eso no pasaría a menos que estuviera muerto. 
Podía escuchar el ruido de las sirenas, no estaba seguro si ya estaban en el lugar del accidente o estaban por llegar, no le importaba ya. 

Un crujido le llamó la atención, abrió con pesar sus ojos y buscó de dónde había venido. 
Sus ojos se cruzaron con los de un lobo. De sus labios salió un gemido lastimero, viendo como el lobo se acercaba a él oliendo el aire hacia Logan.

Era un lobo grande, más que uno normal. A Logan no le importaba si se lo comía. Al llegar al chico, lamió sus dedos y luego le dio un toque bajando su cuerpo para que subiera a su lomo. 
Logan, con aún dolor en él subió como pudo encima del lobo. Cuando estuvo ya acomodado el lobo entró en el bosque y trotó por él, saltando y esquivando ramas y raíces. 

Llegaron a un claro del bosque y allí Logan se dejó caer en la mullida hierba. Abrió los ojos justo cuando vio cambiar al lobo por un ser mucho más grande y ancho, con forma entre humana y de lobo. 
Cuando la criatura habló fue con un tono profundo y ronco.

– Tienes dos opciones; la primera dejar de sufrir y morir, o; tener una segunda oportunidad y vivir. Pero en las dos, hasta que no escojas sufrirás dolor.

Se arrodilló inclinándose sobre el cuerpo de Logan y mordió la carne que unía el cuello y el hombro. De la boca de Logan salió un grito que hizo eco en la noche, lleno de dolor. Pronto llegó la oscuridad.

Allí fue el comienzo de su nueva vida. Se despidió de su vida humana, de su familia. De todo lo que conocía como Logan. Su nuevo padre, cuando despertó, le dio un nuevo nombre. 

Shane Suttherland, había nacido. 

El cuerpo de Logan nunca fue encontrado. Un ataúd vacío. Dan y él comenzaron juntos su viaje, lejos de su pueblo natal. 


Su nueva vida no fue difícil, cuando tenía a Dan, su padre, a su lado. Guiándolo en su camino. Había aprendido que cambiar en luna llena era un mito humano. Podían cambiar a su antojo, así era fácil esconder su naturaleza de los humanos. 

No tenían una manada, pero no creaban problemas allí dónde pasaban. 

Y allí estaba ahora Logan. Delante de su lápida, un siglo después. Cada vez que se enteraba que el alcalde del pueblo quería mover el cementerio, pagaba una cantidad de dinero para que eso no ocurriera. Había logrado una buena cuenta gracias a Dan, y a la Bolsa. 

Había esperado mucho tiempo en regresar, dado que no quería que nadie lo reconociera. Todo aquel que sabía de él, ahora ya estaba muerto, enterrado en el mismo cementerio en dónde se encontraba ahora. 

Dan le explicó que podían tener una pareja de por vida, pero que tenían que moverse por el mundo para conseguir encontrarse con ésta. Incluso ni siquiera podrían haber nacido aún. Un olor, era todo lo que necesitábamos para reconocer a nuestras parejas. 

Shane necesitaba alguna pista que lo llevara hacia su pareja. 


El destino le había enviado de regreso a su pueblo, ahora una pequeña ciudad, había crecido con el paso de los años. 

El viento sopló, moviendo su largo cabello, acariciando su cara y regresó al presente. 

Miró a su alrededor, pero sus ojos fueron de nuevo a su lápida, su antiguo nombre estaba tapado por una enredadera, y lucía vieja como lo que era. 

Se levantó dispuesto a pasearse entre las lápidas de la gente de su pueblo. Pensando en cómo sería su pareja. Había estado con hombres y mujeres, sintiendo que le faltaba algo. 

– ¿Dónde estas? – preguntó con los ojos cerrados, sintiendo una nueva ola de viento, esta vez traía un ligero olor que picó en su nariz.

Abrió los ojos olisqueando el aire y caminó lentamente hacia ese aroma de hierba mojada y tierra removida. El olor lo llevó de regreso a la entrada del lugar. Allí estaba parado un chico, con la mirada triste, abrazándose la cintura. Su cabello era rubio, los ojos verdes y una fina figura. 

Los ojos del muchacho se enfocaron en Shane manteniendo la mirada en él. 
El lobo sonrió ligeramente, ladeando la cabeza hacia un lado, su cabello cayendo sobre su hombro. 

Respiró hondo llenándose con el aroma de su pareja, a la vez que se daba cuenta de que el muchacho era un cambia-formas, pero se veía perdido en el mundo. 

Caminó hacia el chico viendo como mordía su labio inferior mirando a su alrededor pero sin moverse de donde estaba. 

– ¿Puedo ayudarte? Pareces perdido – dijo Shane quedando delante del chico, se inclinó hacia él olisqueando un poco más el rico aroma.
– Estoy perdido – respondió el muchacho mirando a Shane con curiosidad. – Hueles bien – murmuró sonrojándose y olisqueando hacia el lobo.
– Tú también – respondió Shane sonriendo un poco más por el comentario. – Vamos, demos un paseo... Por cierto, me llamo Shane – tendió su mano derecha hacia el chico esperando saber su nombre a demás de poder saber si su piel era suave como parecía.
– Yo soy Marcus – susurró dudando un momento en tomar su mano, pero al final lo hizo.


La sonrisa de Shane ahora era de oreja a oreja, acariciando con su pulgar el dorso de la mano de Marcus, su piel era suave como había pensado.


Marcus estaba nervioso. Había llegado hacía diez minutos al cementerio, siguiendo el olor de chocolate negro calentado. El aroma seguía hacia dentro del lugar, pero tenía miedo de entrar en él. Así que se quedó delante de las puertas de hierro abiertas. 

Iba cambiando de un pie a otro esperando a que quien tuviera ese aroma se moviera hacia él. 
Lo que no esperaba ver era a un hermoso hombre, con unos pantalones tejanos negros, camisa roja que parecía de seda, una chaqueta; también negra y unas botas de cuero de esas que había visto a góticos llevar. Su cabello era largo pasados los hombros de color como miel, una perilla debajo del labio inferior en forma de triangulo y unos labios dignos de besar.

Ahora que tenía al hombre cerca pudo ver que sus ojos eran oscuros como la noche. Temblaba de los nervios y del deseo que lo recorrió por todo su cuerpo al ver esa sonrisa que subía por un lado de su cara. 

Olió una vez más ese aroma a chocolate negro que desprendía el chico, no sabía qué era pero esperaba enterarse pronto. Tal vez el hombre sabía lo que significaba. 

Ahora caminaban de la mano. Ninguno de los dos decía nada. Marcus no se atrevía a hablar de nuevo, no después de escuchar la voz de Shane, no quería tartamudear por el nerviosismo que el hombre le creaba. 

Vio a su alrededor, estaban entrando en lo que parecía un parque natural, esperaba que hubieran bancas para sentarse, había esperado demasiado tiempo de pie y ahora caminando había terminado algo cansado. 

Shane llevó a Marcus hasta debajo de un gran árbol que parecía tener años pero que se conservaba en buen estado. Se sentaron en el césped uno al lado del otro sin soltarse de la mano. 

– ¿Qué te llevó hasta las puertas del cementerio? – preguntó el lobo acariciando la mano de Marcus con las dos suyas.

Marcus mordió su labio inferior pensando en cómo responder a esa pregunta sin descubrir su naturaleza, nunca había conocido a otro cambia-formas desde que sus padres murieron hacía ya 60 años. 

– Seguí el olor del chocolate y me llevó allí – respondió con un hilo de voz, alzando los ojos para ver la reacción de Shane.

Éste sonrió llevando la mano de Marcus hacia sus labios y dio un beso en el dorso.

“Así que para él huelo a chocolate, interesante”

Dejó la mano del chico donde estaba y miró hacia el parque. 

– Me alegro que esperaras – volvió la mirada hacia el muchacho y le dedicó media sonrisa.
Marcus asintió levemente viendo fijamente a Shane – Estaba casi por irme de tanto esperar. – mintió levemente, la verdad es que hubiera esperado un poco más porque la curiosidad se lo impedía. 

Shane dejó escapar una carcajada y negó con la cabeza. 

– Ven conmigo, se está haciendo tarde y no me gusta mucho este día.

Se puso de pie tendiendo la mano a Marcus para ayudarle a levantarse. Vio como dudaba de nuevo en tomar su mano, pero sólo duró un segundo antes de tomarla y levantarse. Shane le rodeó la cintura atrayendo su cuerpo al suyo.

– ¿Por qué no te gusta? – preguntó Marcus con inocencia en su voz mirando a su hombre de reojo.

“¿Mi hombre? ¿De dónde vino eso?” Se preguntó Marcus frunciendo el ceño, esperando la respuesta de Shane. 

– Murió un conocido mío hace mucho tiempo, justamente este día. – respondió el lobo con cierta indiferencia caminando hacia la salida del parque con Marcus a su lado.

Esperaba no molestar a Dan al traer a su pareja a la casa que compartían, lo que sí tenía esperanza de que su padre se alegrara por él. 
Dan hacía siglos que buscaba a su pareja, no quería enfadarlo por encontrar a la suya siendo tan joven para ser un hombre-lobo.


1 comentario:

  1. Hola Soy Raquel, me gusta este relato bastante, asií que estaré atenta de las suguientes entregas semanales.
    Un abrazo

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