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Bajo la luna azul | Andariel Morrigan

10/11/14

¡Buenas Lovers!

Aquí está la segunda parte de



Bajo la Luna Azul - Andariel Morrigan




Parte 2


Al abrir la puerta de la casa el olor a comida inundó las fosas nasales de los dos hombres. Shane dejó pasar primero a Marcus y al cerrar después la puerta se acercaron a la cocina donde se encontraron con Dan cocinando y bailando una música que sólo él podía escuchar.

Dan se giró y se quedó mirándo fijamente la escena que tenía delante de él. Shane sonreía y al lado tenía a un lindo cachorro rubio. Ladeó la cabeza arrugando la frente pero luego se enderezó y sonrió a los dos hombres. Él sabía quien era el cachorro y se alegraba por su hijo Shane. 

– Habéis llegado justo a tiempo, la cena está casi lista. – comenta Dan girando de nuevo sobre sí y saca unos cuantos chips de boniato que ya estaban hechos, de la freidora. – Unos buenos filetes de carne con salsa pimienta, chips de boniatos, verduras con tempura y pastel de castañas.

Shane se quita la chaqueta dejándola en el colgador, se hacerca a Marcus y le da un beso en la sien. 

– Estás en tu casa, no seas tímido y coge algo de beber en la nevera, ya vuelvo. – susurra con sus labios aún en la sien de Marcus y luego apartándose va a su habitación a cambiarse de ropa.

Se conoce lo suficiente para hacer un desastre de su ropa cuando le gusta lo que hay para cenar, que suele ser cada día. Quita su ropa dejándola doblada encima de la cómoda, se acerca a la cama y se pone unos pantalones de pijama, una camiseta de manga corta, y se ata el pelo en una descuidada coleta. Se pone unas zapatillas y regresa a la cocina.

Marcus abrió la nevera y sacó una jarra de agua, no parecía muy fría por lo que la dejó en el centro de la mesa después de llenar los vasos con agua, era la única bebida que se encontraba dentro. 

Dan sonrió a Marcus al ver que había servido el agua y le guiñó un ojo, Shane ni siquiera le había contado nada de ellos. El cachorro parecía perdido en un mundo que dudaba que conociera bien. Shane y él le ayudarían.

Marcus quedó sin aliento al ver la forma en la que iba vestido Shane, quedó con la boca abierta y sus pensamientos habían volado por la ventana de la cocina. Miró al hombre que cocinaba dándose cuenta que él también iba vestido con lo que parecía un pijama sólo que con delantal, se sentía un poco fuera de lugar, por lo que no pudo evitar sonrojarse.

– Shane, ¿que tal si le das algo de ropa cómoda a tu invitado? – preguntó el hombre con una sonrisa de nuevo hacia Marcus. – Soy Dan.
– M-Marcus – tartamudeó el cachorro viendo a los dos hombres, se levantó de la silla y siguió a Shane por el pasillo.

Shane trasteó sobre la cómoda y lanzó unos pantalones pijama blancos y una camiseta también blanca de manga larga hacia Marcus.

– Cámbiate, te esperaremos. – le acarició el pelo. – Hay unas zapatillas debajo de la cama. – sonriendo sale de la habitación para que Marcus pueda cambiarse tranquilamente.

Una vez sentado en la mesa Dan lo mira fijamente desde el otro lado de la mesa mordisqueando un chip.

– Creo que hicimos bien en regresar aquí. – sonríe por encima de su chip – sólo espero también que encontrar a mi pareja.
– Seguro que sí, Pa. – sonríe viendo hacia la puerta de la cocina esperando ver aparecer a su chico.

Su sonrisa se hace mayor al ver a Marcus todo de blanco como un ángel. Le hace un gesto para que se acerque y se siente a su lado para empezar a comer. 


Marcus se lo pasó genial escuchando las historias sobre Halloween que contaban Shane y Dan. Por extraño que pareciera se sentía protegido con aquellos dos hombres, parecía que podía confiar en ellos. 

Estaban lavando los platos cuando Dan dijo algo que llamó la atención de Marcus. 

– Esta noche es luna azul, ¿por qué no vais a dar un paseo? – Marcus giró para ver con curiosidad a Dan que se encontraba apoyado en el marco de la puerta con los brazos cruzados en su pecho.
Miró ahora a Shane y vio que sonreía.
– Claro, sería genial. – secó el plato que tenía en sus manos mirando a Marucs.
– Me encantaría. – respondió con cierta timidez.

Shane sonrió más y acercándose a Marcus besó su frente haciendo que se sonrojara. 
– Perfecto entonces. Yo iré a una fiesta de disfraces que hay cerca del centro.

Dan fue a su habitación dejando a los chicos solos en la cocina para comenzar a disfrazarse. 

Cuando terminaron de vestirse y ponerse un abrigo que los calentara, salieron de la casa hacia la camioneta y luego hacia el bosque, dónde ocurrió el nuevo nacimiento de Shane, tenía que decirle a Marcus lo que eran antes de poder si quiera avanzar más con el muchacho.

Salieron de la camioneta cuando llegaron al borde del bosque, y cogidos de la mano caminaron hacia el claro.

– Hay un claro en el centro del bosque, allí podremos ver la luna mejor, sin las luces de la ciudad.

Shane vio de reojo la sonrisa de Marcus que no dijo nada al respecto. Estaba tan nervioso con lo que le fuera a decir Shane que casi no podía ni hablar.

Diez minutos más tarde llegaron al claro, extendió una de las dos mantas que había traído y la otra la usó para que se taparan los dos viendo la luna entre las ramas de los árboles.

– Es preciosa – dijo Marcus acariciando la mano de Shane.
– Sí – respondió el lobo apretando suavemente la mano. – Hay algo que tienes que saber sobre Dan y yo.

Shane se giró para ver a Marcus y éste hizo lo mismo. El cachorro no dijo nada dejando que Shane le explicara cómo fue transformado cuando Dan lo encontró. 

– Mis padres murieron cuando yo era un niño, no llegaron a decirme mucho sobre los cambia-formas, tuve que pasar mi transición solo ya que no tenía una manada que me ayudara. – Marcus hizo una pausa en su explicación haciendo una mueca de dolor y tristeza. – Pasé mucho miedo. Creo que nosotros los cambia-formas nacemos así y los hombres-lobo se transforman con un mordisco, aunque no se como funciona eso.
– Yo tampoco, Dan nunca me dijo cómo se hacía, perdí el conocimiento cuando me mordió pero no le pregunté. – Shane se encogió de hombros con media sonrisa. – ¿Tienes alguien con quien quedarte?
– No, estuve viviendo solo en la casa de mis padres, no tengo muchos amigos tampoco, trabajé ahorrando dinero y viajé a otro país cuando pude vender la casa. Llegué aquí, encontré trabajo de nuevo, y estoy viviendo en un apartamento.

Los dos quedaron en silencio mirando hacia la luna que ya se veía mejor en el cielo, era una preciosa luna llena.

– Entonces quédate con nosotros, a Dan le gustas y tampoco le molesta así que no te preocupes. – sonrió Shane acariciando su mejilla.
– Sólo he visto dos habitaciones. – Shane rió y se puso encima del cuerpo del cachorro.
– Esa es la gracia. – susurró rozando los labios de Marcus para luego besarle.

Fue un beso ardiente, lleno de pasión. Las manos de Marcus se movieron por los costados de Shane y luego lo abrazó más cerca suyo. 


En la fiesta de disfraces del centro de la ciudad, Dan bailaba con una vampiresa. Estaba seguro que era su pareja, su olor era de fresas con nata, un postre que hacía años que era su secreto. A la vez que estaba seguro que le costaría que se mudara con ellos, pero tenía paciencia suficiente para que los dos se conocieran con el paso de los días hasta por fin convencerla de que se mudara a su casa, luego explicarle quien era y que no se fuera corriendo después de saberlo. Esa era la parte más difícil para él.

Cuando la canción terminó Dan llevó a su pareja de baile hacia la barra para tomar algo, parecía que a su vampiresa no le importara. 

– Hoy hay luna azul, ¿quieres venir a verla? – Dan preguntó dándole una sexy mirada que esperaba que funcionara, siempre le había funcionado cuando estaba en el viejo mundo – Europa como le gustaba llamarle él.
– ¡Claro! Estoy un poco agobiada con tanta gente aquí – sonrió ella que ahora no llevaba los colmillos postizos.

Terminaron sus bebidas y salieron cogidos de la mano. Cerca de allí había un parque dónde podían pasar la noche, ahora que casi era media noche la luna podría verse mejor.

Al llegar al parque los dos salieron de la camioneta de Dan, cogió las dos mantas que siempre llevaba con él con la mano libre cogió la de Keya y fueron caminando hacia un buen lugar para tumbarse a ver la luna. 

– No me puedo creer que vaya a ver la luna con un desconocido en un parque – dijo con una risita Keya mirando alrededor suyo.
– Bueno, tenemos tiempo para conocernos, si estás dispuesta, claro. – sonrió Dan levemente en respuesta.
Keya volvió a reír con aquel tono de voz tan sexy de Dan, liberó su mano poniéndose delante de él y caminando hacia atrás. 

– Me encantaría, llevo aquí poco así que no conozco a casi nadie de la ciudad – Keya sonrió, dio la vuelta buscando un lugar para poder tumbarse y ver la luna llena.

Llegaron a un lugar apartado, Dan miró hacia el cielo para asegurarse de que se viera bien desde donde estaban. Extendió la manta y se sentaron en ella. 

Dan alargó la mano hacia Keya y le comenzó a desatar el peinado mientras se miraban fijamente. Keya tenía el cabello largo, sedoso y negro como la noche, sus ojos eran almendrados de color terroso. Por suerte para él no era la típica chica que se vestía con poca ropa, era un vestido victoriano de color rojo y negro con bordados, manga larga y un abrigo. 
Dan era rubio con el cabello corto alborotado, los ojos de un color gris casi transparente, tenía toda la cara pintada como una calavera y ropa negra como un esqueleto. Sabía que así no podría reconocerlo si se encontraran mañana por la mañana, sólo esperaba que ella se quedara con él toda la noche. 

Los dos se acercaron al otro hasta que sus labios se juntaron en un furioso beso. Los dedos de Dan comenzaron a desabrochar los botones de la espalda del vestido, mientras una de las manos de Keya se metía debajo de la camisa y la otra vagaba por el pantalón notando como el pene de Dan iba creciendo. 

El lobo la tumbó en la manta bajando el escote del vestido con los dientes y las manos acariciando la suave piel. Liberó los pechos de toda la tela y comenzó a besar, lamer y mordisquear sus pezones dejándolos duros.

Los jadeos de Keya se escuchaba por todo el lugar. Dan tenía las manos dentro de la falda acariciando las piernas de ella hasta llegar a las nalgas, descubriendo que llevaba un tanga. 
Gruñó ante la imagen de ella bajo de su cuerpo jadeando y mirándole con la vista desenfocada. 

Esa noche iba a ser suya, ardía por estar dentro de ella. 

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