Buscar este blog

Recomendaciones

NO ESTOY ACEPTANDO LIBROS PARA RESEÑAR HASTA NUEVO AVISO

Relato | Tortura

18/2/15











A medianoche era cuando salía a cazar, en Tártaro todos besaban el suelo por donde pasaba. Miles de halagos de gente que temía a una de las hijas de Samael, yo, Andrómeda.

Era mi cumpleaños, quería hacerme un regalo. Necesitaba un sirviente que me amara, respetara, me fuera fiel... Que estuviera a mi lado para siempre. 
El Iron Mask es uno de los locales que regenta Vanian, uno de mis hermanos. 

Nada más entrar al local, un torrente de música inundó mis oídos, haciendo que cerrara los ojos con una sonrisa dibujándose en mis labios. Pronto pude sentir y ver a mi presa, un demonio de bajo rango, delgado, cabello castaño tirando a negro y unos labios que daban ganas de morder, ojos verde oscuro, no era de la familia.

Caminé hacia él, mis ojos comenzaron a brillar ante la idea de hacerlo mío durante toda la noche. Él se había fijado en mí, podría saber quien era yo, irse antes de que todo ocurriera, pero no lo hizo. Sólo sonrió caminando la distancia que quedaba entre nuestros cuerpos. Ah, aquellos labios suyos pronto besaron los míos, nos unimos como si fuéramos uno. Corrientes eléctricas recorrían mi espalda, era el ideal para ser uno de mis juguetes.

Me separé lo justo de sus labios para jadear de deseo, luego sonreí. Pocas palabras salieron de mi boca, por no decir ninguna. Atrapada aún en sus brazos lo llevé hasta una habitación especialmente preparada para mi.

Al entrar seguimos con los besos, desesperados, mientras mis manos se movían quitando la ropa de su cuerpo y esta caía al suelo. Él se quitó las botas para terminar de desnudarse. Nos besámos una vez más, iba empujando su cuerpo hacia una mesa de torturas. 

Hora de comenzar el juego.

Se subió a la fría mesa de metal y luego lo tumbé, até sus muñecas y tobillos. Estaba listo para la tortura física y psicológica.

Siete intensos días de tortura, sin salir de la habitación, alimentándome de su sangre. Olía a sangre, su cuerpo estaba herido sólo lo justo, pues me gustaba tanto que había evitado por todos los medios no dejarle muchas cicatrices. Ni siquiera habíamos tenido sexo. Pero ya estaba listo para eso a estas alturas de la tortura.

- Bien mi amor. Me vas a ser fiel, me amarás sólo a mi. Me respetarás, harás todo lo que yo te diga, me seguirás allí donde vaya si te digo que vengas conmigo. Me alegro mucho que hayas sobrevivido a la tortura. Pocos demonios de bajo rango llegan hasta el cuarto día antes de morir. Sabía que eras perfecto para servirme.

Mientras hablaba iba de arriba a bajo al lado de la mesa, se escuchaban sus jadeos desesperados, tanto por la tortura como por el deseo. Me deseaba. Todo su cuerpo gritaba por poseerme, pese a las heridas que tenía por todo el cuerpo, su pene estaba erecto, toda esa semana le había torturado estando desnuda.
Mis ojos regresaron a su rostro y sonreí esperando las palabras para que el pacto concluyera y pudiera soltarle.

- Oh, ama Andrómeda. Estoy listo para servirla en todo lo que guste. - varios jadeos se escaparon de su boca, sus ojos estaban fijos en los míos.

Sonreí de lado mostrando un colmillo, lo desaté y cuando se mantuvo en pie, de un empujón lo tiré a la cama. Me alegraba que aún tuviera fuerzas para moverse. Lamí mis labios de pura lujuria cuando se tumbó sobre su espalda dejándome ver su dura erección, le había prohibido que se corriera, cuando lo hizo la segunda noche estuve por destrozarlo, pero aprendió.

Gemí cerrando los ojos, trepé por la cama y me senté encima de su erección entrando de una vez. 

- Córrete pronto y regresas a la mesa de tortura. - le amenacé retorciendo su pezón derecho.

Cuando vi que hacía un esfuerzo épico, sonreí como la perversa que era y comencé a mover mi cadera, mis manos arañando su pecho, con los ojos cerrados y la cabeza hacia atrás.

Aquella sesión de sexo duró tres días y tres noches. 

Al quedar satisfecha me bajé de su cuerpo tumbándome en la cama a su lado, con una sonrisa de satisfacción, ni siquiera sabía su nombre, ni me importaba. Aquel chico era mi primer sirviente, y lo quería como tal, pese a todas las torturas, me amaba.
Me serviría.

- Te llamaré Silver.

Fue todo lo que dije antes de quedar dormida.

Desde aquel entonces han pasado ya siete siglos, me sigue siendo fiel, tengo otros tres sirvientes y también me aman.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Este blog se alimenta de comentarios.
No se permite spam o faltas de respeto hacia los escritores y hacia la admin del blog

Tu comentario será publicado después de ser aceptado cualquier duda, sugerencia envia correo a lasresenasdeandariel@gmail.com

Las reseñas de Andariel | By Dreaming Graphics Con la tecnología de Blogger