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Relato | El San Valentín de Amanda | Final

14/4/15

Cuarta Parte




– Bueno, ¿me muestras el resto de la casa o vamos a tu habitación? – pregunté dejando besos por su cuello. Estiré del coletero de su cabello dejándolo suelto.
Tomó mi rostro entre sus manos y nos acercamos para besarnos, la tormenta de antes se desató de nuevo en mi interior haciendo que gimiera, dentro de su boca acariciando nuestras lenguas.
– Mi habitación está arriba, vamos – llevó sus manos al borde de mi abrigo, sacándolo cayó al suelo junto con mi bolso, hice lo mismo con su chaqueta que quedó junto con mi abrigo.

Tomados de la mano fuimos a la escalera subiéndola entre besos. Recorrimos un pasillo oscuro hasta llegar a una puerta, Viktor la abrió de un empujón y entramos en ésta. Nos besamos de nuevo caminando hacia la cama que estaba en el centro de la habitación. 
Abrió la cremallera de mi vestido que cayó al suelo, saqué mis zapatos quedando delante de él con lencería de color negro. Al verla rió negando con la cabeza, nos besamos y mis manos fueron a su ropa para quitársela entre besos. 
Se separó de mi cuerpo, donde nos quedamos mirando el cuerpo del otro con atención. Había fuego en sus ojos, esa chispa excitante entre los dos prendió de nuevo.

– Voy a morderte, así las mordidas de David ya no estarán, nunca llegué a pensar que te las hiciera y luego ya no te prestara atención – comentó acariciando mi cuello por encima de las marcas, miró hacia mi pecho, con la mano libre arrancó el sujetador de encaje dejando mis senos libres.

Hizo lo mismo con mis braguitas, dejó la tela caer al suelo e inclinándose sobre mi cuerpo lamió las marcas. Jadeé echando la cabeza hacia atrás, me cogí a sus hombros para no caer aún en la cama. Pronto sentí hundirse sus dientes allí donde David mordió hacía unos días, no pude evitar caer en la cama quedando sentada y jadeando.

Me recosté en ésta abriendo las piernas, le hice un gesto con la mano para que se acercara. Subió a la cama quedando encima de mi cuerpo, besó mis labios acariciando con sus manos mis pechos, mordió mi cuello fuerte haciendo que gimiera alto hundiendo mis uñas en la carne de sus hombros. 

Me encontraba con los ojos cerrados cuando noté un gusto a hierro en mi boca, abrí los ojos y vi que tenía la muñeca de Viktor cerca de mis labios, lamí estos y abriendo la boca dejé que acercara de nuevo su muñeca, mordí esta haciendo que mi boca se llenara con su sangre, nos mirábamos fijamente, yo seria y él con media sonrisa. Sabía lo que eso significaba pero estaba dispuesta a correr riesgos, si él no era el adecuado, tendría toda la vida a encontrar a alguien que fuera para mí. 

Lamí su muñeca apartándola de mí y luego lamí mis labios. Ni siquiera me había dado cuenta que tenía su pene dentro de mi vagina. Mordí mi labio inferior ahora sonriendo y tomando mis cadera comenzó un vaivén de nuestras caderas chocándose la una contra la otra. 
Nuestros dedos se entrelazaron, nos besamos de nuevo y esa tormenta seguía creciendo en mi interior, ahora sabía que mi cuerpo se había estado preparando para ese intercambio de sangre.
Un orgasmo se construyó en mi interior, Viktor comenzó entonces a ir más rápido y fuerte, los dos gemíamos a la vez, los suyos parecían más a gruñidos pero no importaba porque mis gemidos eran más altos de lo que solía hacer. 

Nuestras bocas se unieron de nuevo hasta que llegó uno de los orgasmos más épicos que había tenido desde que comencé a tener relaciones sexuales. Mis ojos se quedaron en blanco por la intensidad y luego mi cuerpo se quedó relajado debajo del suyo. Nos quedamos jadeando con los ojos cerrados, abracé su cuerpo y suspiré del gusto. 

Cuando se separó de mi cuerpo nos acomodamos en la cama bajo las sábanas, me acurruqué contra su cuerpo abrazándonos. Cerré los ojos notando las caricias en su cabello haciendo que me relajara un poco más. 

– Odio San valentín – dijo Viktor de repente, parpadeé y comencé a reír por lo que había dicho. Negué con la cabeza y lo atraje un poco más a mí para besar sus labios.
– Mira que bien, yo también odio San Valentín. – ahora fue él quien se rió, dejó un beso en la cabeza.
– Entonces feliz día – dijo besando y mordiendo mi cuello.

Cuando me desperté a la mañana siguiente me dolía la cabeza, llevé una mano a ésta y me quedé mirando a mi alrededor. Recordé que había ido con David a la fiesta pero salí poco después con Viktor, miré a mi lado encontrándolo dormido. Sonreí y acaricié mi cuello, me levanté saliendo de la cama y me acerqué a un a puerta que esperaba que fuera el baño, al abrirla un enorme baño se mostró. Cerré la puerta cuando entré e hice mis cosas, luego regresé a la cama, me abracé a su cuerpo desnudo y cerré los ojos quedando dormida de nuevo.
Tenía todo el fin de semana para disfrutar con él, un vampiro que me hacía ver las estrellas.

Pasé un fin de semana de lujo, montando a caballo, paseando por el lago que había dentro del bosque donde nadamos desnudos e hicimos el amor en el agua y entre los árboles. 
Entre tanta pasión y lujuria, mezclamos nuestra sangre, sentía más cambios en mi cuerpo, mejoras en mis cinco sentidos, mi cuerpo parecía moldearse y perder algo de peso, pero siempre manteniendo mis curvas. 

El domingo en la cama los dos abrazados Viktor dijo lo que ambos nos habíamos negado a hablar en todo el fin de semana. 

– Tenemos que ir a ver a David y decirle que ya no trabajas para él. – me apretó contra su cuerpo un poco más quedando encima de su cuerpo desnudo.
– Lo se... Ni siquiera me ha llamado al móvil. – alcé la cabeza para mirarle y fruncí el ceño – ¿Quién era esa mujer? – ladeé la cabeza al ver que apartaba la mirada de la mía por lo que profundicé más el ceño.
– Es su mujer Mandy – dijo por fin en un susurro. Nos miramos y abrí la boca para decir algo pero la cerré sin saber muy bien que decir. – Desde hace mucho tiempo que lo es, lo que no se es porque ha venido aquí si estaba en Japón con su último amante.

Apoyé de nuevo la cabeza en su pecho abrazando más su cuerpo, cerré los ojos queriendo saber porqué había dicho David que yo era suya, que me mordiera y luego no se preocupara por que me fuera con Viktor. 

Por la mañana no quería salir de la cama de Viktor, ni separar mi cuerpo del suyo, pero tenía que saber porqué tanta mierda sobre ser de David. Desayuné en su cocina, sentada encima suyo en silencio y sin decir nada. 
Pasamos por mi apartamento donde me cambié de ropa, luego fuimos a las oficinas y al despacho de David. Él ya estaría allí por lo que con paso firme fui a su despacho, Viktor tomó mi mano y sonrió hacia mi pero luego se puso serio cuando llegamos a la puerta de David. 
No dije nada sobre la nueva chica que había ocupando mi escritorio, humana. Pobre incauta, cómo había sido yo hacía más de seis meses. Entramos al despacho sin dejar que aquella boba nos anunciara, no teníamos porqué. 

David Preston se encontraba detrás de su escritorio, serio y calmado, mirando entre los dos. Apreté la mano de Viktor y éste me devolvió el apretón. 

– ¿Porqué David? ¿Porqué lo has hecho? – pregunté sorprendiéndome de que no me temblara la voz. No me moví del lugar, alcé la barbilla sin querer que me intimidara su postura ahora que se había levantado de la silla.
– Simplemente por que puedo Amanda Scott. Por que puedo – respondió él sin cambiar su gesto.

Dejé escapar el aire y me giré hacia Viktor, le sonreí levemente y miré de nuevo hacia David. Cogí aire apretando de nuevo la mano de Viktor.

– Entonces no me verás más, como ya he podido ver tienes otra secretaria besando el suelo por donde pisas. – sonreí sin apartar la mirada de él. – Me llevo a Viktor conmigo, o él me lleva a mi, me da igual. No todos los hombres son iguales, ni todos los vampiros son como tú de estúpidos. Gracias por todo David Preston y hasta nunca.

Dejé la mano de Viktor girándome y salí del despacho, me paré delante de la humana y le sonreí mostrando mis colmillos.

– Ve con cuidado, no todas sobreviven a David Preston, Angélica – le miré arrogante, al sentir a Viktor a mi lado me cogí a su brazo. – Yo por suerte lo he hecho, ya lo hice una vez hace años, pero ahora me he liberado de él.

Solté una carcajada al ver la cara de desconcierto de la chica y caminé con Viktor por el pasillo para salir de las oficinas. 
Gracias a Viktor había recordado mi vida pasada, una donde vivía en las Highlands y había conocido a David Preston, me había enamorado de él y me destrozó el corazón y el alma al irse con otra. Con la mujer del Rapsodia. Había recordado todo en la ducha de la casa de Viktor, y poco a poco lo había hecho el fin de semana. 

Morí sola.

Pero el destino había escogido que volviera a la vida después de tantos años, no le había hecho daño a David, no servía de nada, pero ahora podía vivir una vida que no había vivido antes por la enfermedad que me comió entera. Viviría para siempre al lado de Viktor, cuando fuera la hora iría por mi cuenta a buscar a alguien más, o simplemente iría con Morgan o Markus, no volvería con David. Ya no. 

– Ahora te recuerdo, eras Elizabeth McCarrick una de las pocas Laird de las Highlands – dijo Viktor sorprendido mirándome fijamente. Sonreí asintiendo y señalando hacia el coche.
– Sí, y ahora vamos, quiero ir a casa – murmuré caminando con él hacia su coche. – Vamos a las Highlands... Mi castillo y mi gente me está esperando.


Así fue como desperté, cambié mi nombre a Amanda McCarrick, descendiente directa de Elizabeth McCarrick, todo el mundo pensaba que había muerto sin descendencia, pero nadie preguntó nada al verme, todos me aceptaron como la nueva Laird y a Viktor como mi esposo. 
Era feliz en mi castillo, con mi gente, con Viktor a mi lado y lejos de David Preston. 

Amanda McCarrick la Laird inmortal. 







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