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Relato | El San Valentín de Amanda | Parte 2

14/4/15





Al final tuve que hacer las llamadas que me dijo David, el Martes me encontré con la lista de a qué chicas tenía que llamar para decirles que David ya no quería saber nada de ellas. Con la mayor dignidad que pude y mayor vergüenza aun por los gritos de todas las despaché. 
El miércoles ya las tenía a todas tachadas, rezaba para que no aparecieran en tromba a buscar explicaciones... 



No vinieron, llamaron constantemente al teléfono de la oficina, haciendo que desviara sus llamadas al buzón de voz, aunque tenía ganas de dejar el teléfono descolgado para que no llegaran llamadas. Realmente estresante.

En vez de salir a almorzar me llevé la comida de casa, David se iba a comer con unos clientes con los que se reunía y yo seguía despachando modelos histéricas. 
Iba a tener que pedirle un dinero extra por los esfuerzos que hacía en sacar a las chicas sin tener que recurrir a los de seguridad.

Estaba calentando el tupper en el micro-ondas cuando escuché que alguien tosía detrás de mi. Me giré y vi allí plantado a David con una sonrisa en el rostro haciendo que le frunciera el ceño.

– Espero que ya no queden mujeres a las que despachar, creo que merezco un dinero extra por eso – dije, al ver que se le borraba la sonrisa me giré hacia el aparato y cuando estuvo listo cogí mi tupper y pasé por su lado para ir a comer a mi mesa, pero su mano se cerró en mi brazo haciendo que me detuviera.
– Siento que hayas tenido que pasar un mal momento en hacer esas llamadas a esas mujeres – dijo por fin después de unos segundos.
– Bueno, la próxima vez no tenga tantas mujeres besando el suelo por donde pisa – hice un movimiento con el brazo para deshacerme de su agarre y fui al escritorio seguida por él.
– La verdad es que no pensaba que fueran tantas – respondió a mis espaldas mientras me sentaba en la silla, cogía el tenedor y comencé a comer mirando una revista de moda. – Sólo quiero que ahora esté una en la lista, pero creo que ella no está interesada. – vi de reojo como se sentaba en la silla que había delante de mi mesa, me encogí de hombros y seguí comiendo.

Estuvimos los dos en silencio, yo comiendo tranquilamente y leyendo la revista y él mirándome fijamente, pero después de unos minutos suspiró y se metió en su despacho. Cuando la puerta se cerró suspiré relajando el cuerpo de la tensión que aguantaba por que me mirara fijamente, por dentro no estaba nada tranquila.


El jueves llegó y así otro día más de trabajo en la oficina, por suerte parecía que todas las amantes dejaron de llamar, dándose por vencidas. Las tiendas se llenaron de colores rosas y rojos como ya predije. Cuando llegué a la oficina vi en mi mesa un ramo de rosas rojas y rosas, fruncí el ceño y cogí el ramo, lo observé con detalle buscando alguna nota, pero no había ninguna, olí las rosas y fui a la cafetería donde había allí una jarra, la llené de agua y metí el ramo, fui de regreso a la oficina y dejé la jarra encima del archivo. Fui de nuevo a la cafetería y arreglé una cafetera para cuando David llegara. Lo que no pensé era que él ya había llegado. 

Cuando me giré para ir a coger la azucarera me di de bruces con el cuerpo trajeado de David, antes de que me apartara pude oler su colonia masculina. 

– Buenos días señor Preston – saludé con una sonrisa pasando por su lado para sacar del armario la azucarera.
– Hola, Amanda – devolvió el saludo con una voz tan ronca que me puso la carne de gallina. – Ese ramo es muy bonito.
– Si, aunque no se quien lo ha enviado, no había ninguna nota. – me encogí de hombros pasando por su lado y saqué dos tazas donde puse un poco de azúcar, luego puse el café y un poco de leche en una de las dos tazas.
– No sabía que tenías admiradores secretos – comentó cogiendo la taza que no tenía café. Alcé una ceja con lo que dijo y di un sorbo a mi café escondiendo media sonrisa.
– Yo tampoco, pero creo que ya se de quién puede tratarse. – le sonreí por fin terminando el café porque había puesto poco y me dispuse a irme a la mesa. Pero David se puso en mi camino prohibiéndome salir, le fruncí el ceño sin entender porqué no me dejaba ir.
– ¿Puedo saber quién crees que te ha enviado el ramo?  – preguntó acercándose demasiado a mi cuerpo haciendo que diera unos pasos hacia atrás hasta llegar a toparme contra el mueble.

– David.... – conseguí decir sin tartamudear ya que notaba el calor de su cuerpo acariciar al mio. Cerré los ojos y respiré hondo, abrí los ojos y se conectaron con los suyos. – Gracias por las rosas, son preciosas. – le di un beso en la mejilla y al verlo desconcertado pasé por su lado – pero no me gusta mucho San Valentín.

Dejé de caminar y de respirar al ver que estaba de nuevo delante de mi. Cuando me recuperé de la sorpresa le miré con la boca abierta y luego le fruncí el ceño.

– ¿Qué dem...? – no pude terminar la frase, sus labios no me dejaron, sus manos en mi cintura me pegaron a su cuerpo.

Al principio me resistí, mis manos empujaron su pecho, pero al notar sus pectorales bajo mis manos no pude retener un gemido que se ahogó en su boca. Correspondí a su beso, dejando que metiera la lengua en mi boca, mi cuerpo se juntó más al suyo y mis manos fueron a su cuello. Sentía como un calor subía por mi cuerpo haciendo que jadeara al notar como su miembro crecía entre nuestros cuerpos. 

Sus manos bajaron por mi espalda hasta llegar a mi trasero donde me apretó bien este, noté sus manos moverse arrugando la tela de la falda dejándola arrugada en mi cintura, subí mi pierna hasta su muslo, su mano derecha acarició el mio haciendo que jadeara separando mis labios de los suyos, eché la cabeza hacia atrás notando su boca besar mi cuello a la vez que escuchaba que gruñía. De un salto mis dos piernas quedaron alrededor de su cuerpo por lo que David aprovechó en caminar y apoyar mi espalda en la pared donde siguió besando y mordiendo mi cuello y yo seguía jadeando. 

– Esto está mal David... – gemí cuando mordió un poco más fuerte mi cuello olvidando por unos segundos lo que quería decirle – tienes una reunión... – sacó la blusa de la falda y la subió hasta por encima de mis pechos, abrió mi sujetador de encaje blanco y se dedicó a morder y succionar mis pezones.
– No hay reuniones hasta la tarde – respondió mirándome desde mis pechos, donde sonrió de manera lobuna que hizo que jadeara y mordiera mi labio inferior con los ojos cerrados, señal que hizo que David volviera a mis pechos.

Minutos más tarde, después de martirizar mis pezones hasta dejarlos bien duros, regresó a mis labios donde nuestras lenguas volvieron a acariciarse sin piedad y con pasión salvaje. Una de sus manos  fue hasta mi entrepierna y tiró de la braguita de encaje, poco después un dedo se adentró en mi humedad hasta meterlo dentro de mi, jadeé dentro de su boca y comencé a moverme contra su dedo. Su boca recorrió mis mejillas hasta llegar de nuevo a mi cuello donde mordió algo más fuerte que las otras veces haciendo que mi vientre se contrajera haciendo que gimiera un poco más alto. 

– Estás bien mojada aquí abajo Mandy – susurró contra mi oreja haciendo una especie de ronroneo.
– Entonces hazme tuya... – susurré de vuelta jadeando y mirándole llena de placer, clavando las uñas en sus hombros a través de su camisa.

Sacó su dedo de mi vagina y lo llevó a mi boca donde no tuve ningún reparo en saborear mis propios jugos. Me movió un poco, escuché el ruido que hacía la cremallera de su pantalón rasgar, su pene saltó rozando mis muslos. Besé sus labios una vez más y noté como iba entrando en mi interior. Mi vagina se apretó alrededor de su eje haciendo que lo sintiera bien adentro de mi, noté como una chispa de electricidad recorriendo mi cuerpo y nuestras miradas se conectaron mientras los dos jadeábamos. 

– ¿Notaste eso? – pregunté sin dejar de mirarle. Me dedicó una sonrisa ladeada que tomé como una afirmación sin que contestara con palabras.


Sus manos se amoldaron a mi trasero y comenzó a embestirme sin dejar de mirarnos a los ojos, mi respiración era algo superficial, cerré los ojos y él volvió a succionar mis pezones. Mis pechos no eran nada del otro jueves, ni muy grandes ni muy pequeños. Las penetraciones se volvían más profundas y certeras, al igual que aumentaba la velocidad, haciendo que gimiera más alto, mi espalda se arqueaba y se pegaba a la pared. 

Dejó mis pechos por fin y subió hasta mi boca donde mordisqueó mi labio inferior hasta hacerme sangre, lamió las gotas dejando escapar un gruñido desde el fondo de su garganta. Saqué mi lengua donde se unió a la suya entrelazándose dentro de su boca donde pude notar que sus colmillos eran un poco más largos de lo normal. Pasé mi lengua por estos haciendo que él gimiera  y me penetrara más fuerte. 

Nuestros gemidos se alzaban por toda la cafetería y se ahogaban dentro de nuestras bocas, notaba mi propia humedad en su duro eje, había perdido la cuenta de cuantos orgasmos había tenido antes de que él terminara llenándome con su semen, gimiendo en el hueco de mi cuello. 
Mi cuerpo temblaba con el último orgasmo junto con el suyo, mis ojos estaban cerrados e intentaba recuperar el aliento. 

Pasados unos minutos, en los que ninguno de los dos se movió, por fin pude bajar mis piernas de su cuerpo e intenté mantener el equilibrio en mis tacones después de haber deslizado su pene de mi vagina. Acomodé mi ropa viendo de reojo que él hacia lo mismo. Antes de salir me cogió de la cintura y dejó un último beso en los labios. Fui hacia el baño donde me limpié y fui hacia el escritorio a trabajar, vi de reojo que David se metía en su despacho y contestaba a una llamada.


A la hora del almuerzo, saqué mi tupper y fui a calentarlo, desde que habíamos tenido sexo en la cafetería David no había salido de su despacho, no se escuchaba nada, sonaba mi teléfono y lo cogía concertando reuniones para la semana que viene y la siguiente. Regresé y me puse a comer donde minutos más  tarde apareció un chico que llevaba comida al despacho de David, ni siquiera me levanté para anunciarle porque él ya sabía que iban a ir a su despacho. 

Como ya predijo, por la tarde estuvo reunido, sólo salió del despacho para ir al baño, donde aproveché para preguntar si querían algo para tomar, pero como no querían nada regresé a mi asiento a seguir trabajando. 

Cinco minutos antes de que terminara mi horario, la puerta de su despacho se abrió y se asomó David, nos miramos por unos instantes antes de que él hablara.

– Puedes irte a casa Mandy, la reunión se alargará un poco más pero no necesito que estés aquí así que no te preocupes. – sonrió levemente, dirigió una mirada al ramo de rosas que aún estaba encima del archivador.

Me levanté y recogí mis cosas, después de coger el bolso me lo puse al hombro y cuando fui a despedirme, David estaba a mi lado cogiéndome por la cintura y dejó un beso en mis labios.

– Hasta mañana señor Preston – susurré algo desconcertada por que me despidiera con un beso que hizo que tuviera un escalofrío poniendo mi bello de punta.
– Hasta mañana Mandy – sonrió dejando mi cintura haciendo que se instalara una especie de perdida en mi cuerpo, vi que se metía de nuevo en el despacho, me guiñó un ojo con una sonrisa antes de cerrar la puerta.

Me quedé mirando la puerta de su despacho algo desconcertada, pero reaccioné y saqué el ramo de la jarra, cogí esta con la mano libre y fui a dejarla en la cafetería, donde recuerdos de lo que había pasado esta mañana en ella volvían a mi cabeza haciendo que tuviera calor. Cerré los ojos fuerte y salí de las oficinas. 




Continuará 


tercera parte

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