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Relato | El San Valentín de Amanda | Parte 3

14/4/15

Segunda Parte






Tenía que poner en orden mis ideas, que me besara me había dejado desconcertada y sintiendo cosas que antes con mi ex no sentía cuando me besaba.
Que tuviera los colmillos más alargados y puntiagudos que otra gente también me había dado que pensar, pero pronto me olvidé de ellos.


Llegué a casa dejando el bolso en el sofá, el ramo en la mesa de café, fui a mi habitación y me quité la ropa, vi las braguitas destrozadas y suspiré notando los pezones duros por la reacción de recordar cómo las había roto, las dejé caer al suelo y fui desnuda al baño, abrí el agua caliente de la ducha y al verme en el espejo y un pequeño salto al ver cómo estaban mis pechos, tenían unas marcas rojo oscuro, me acerqué más a ver en el espejo y miré hacia abajo a estos y vi que parecían marcas de dientes. Jadeé al recordar que más de una vez David me había mordido fuerte mis pezones y los pechos, lo que no llegué a fijarme era si me había dejado marca hasta ahora que estaba desnuda. 

– Mi jefe no puede ser un vampiro... – susurré pasando un dedo por mi pecho haciendo que gimiera al notar que un calor se expandía por mi cuerpo desde las marcas. Cerré los ojos y bajé mis manos hasta mi vagina que se había humedecido de golpe. Abrí los ojos y me metí en la ducha dejando que el agua me limpiara y se llevara esas extrañas sensaciones que tenía sobre mi jefe.

Volví a cerrar los ojos con la cabeza hacia atrás notando el agua dar en mi rostro, pasé las manos por mi cuerpo imaginando que eran las manos del magnífico David Preston. Mi mano derecha acarició mi vientre y se metió entre mis piernas, metí dos dedos y los moví recordando la sesión de sexo mañanera en la cafetería. Apoyé la espalda en las baldosas, mi mano libre fue hasta mis pechos y noté que al rozar las marcas el calor invadía de nuevo mi cuerpo haciendo que moviera más los dedos dentro de mí. 

– Eso es Mandy, gime más fuerte – escuché su voz ronca en un susurro cerca de mi oreja al igual que su aliento en mi cuello.

Hice lo que me pedía sin dejar de mover los dedos, mis piernas temblaban, y de mi boca salían gemidos y su nombre una y otra vez. Sentía la presencia de David cerca de mi, susurrando palabras sucias para que siguiera masturbándome. Mi espalda se escurrió hacia abajo hasta quedar sentada y con las piernas abiertas, metí más mis dedos en mí, ladeé la cabeza hacia un lado y noté cómo David me mordía haciendo que gimiera en un orgasmo que hizo que todo mi cuerpo temblara y arqueara la espalda.

– Buenas noches Mandy... – escuché el susurro de David en mi oreja y su presencia desapareció cuando abrí los ojos pensando que estaba allí conmigo.

Miré confusa en el baño, no había nadie, estaba sólo yo, suspire y entre temblores me puse de pie y terminé de ducharme enjabonando mi cuerpo, luego aclaré mi cabello y cuerpo, cerré el agua y salí envolviendo mi cuerpo en unas toallas. Cada vez entendía menos lo que había pasado, tampoco sabía cómo se lo tomaría David cuando le dijera aquello, enrollé una toalla a mi cabello, fui a salir del baño pero lo que vi reflejado en el espejo hizo que parara y me mirara el cuello, habían dos marcas redondas de color rojo donde minutos antes no había nada, me fijé que se parecían a las marcas de mis pechos.
Jadeé llevando una mano a mi boca y me aparté del espejo, salí de la habitación y fui a la cocina a prepararme la cena.

Después de cenar y lavar los platos regresé a la habitación a ponerme el pijama, jadeé cuando la tela acarició las marcas de los mordiscos. Cerré los ojos por unos segundos, estaba dispuesta a preguntarle a David porqué tenía esas marcas, necesitaba respuestas.
Me tumbé en la cama pensando en cómo iba a decirle a David aquello, pero fue arroparme con la manta y quedarme dormida al instante.

Cuando abrí los ojos a la mañana siguiente cuando la alarma sonó suspiré, ya era 14 de febrero, había llegado el peor día del año para mi, pero tenía fuerzas de sobra para enfrentarlo, al igual que tenía que enfrentar a David.

Salí de la cama, fui a la cocina y preparé la cafetera, mientras se hacía el café fui arreglándome para ir al trabajo, me peiné el cabello viendo las marcas oscuras que tenía aun en el cuello, tenía que taparlas de alguna manera si no quería llamar la atención de la gente que pasara a mi lado cuando saliera a la calle.
Decidí que en vez de ponerme la corbata que iba con el traje, me pondría un pañuelo, salí del baño y abrí la cajonera buscando un pañuelo que fuera en conjunto con el traje y lo encontré, me lo puse en el cuello y lo cerré intentando que la marca no se viera.

Saqué la ropa del tendedero y la doblé mientras me tomaba el café con unas tostadas, la puse en los cajones de la habitación. Me fijé en que las rosas del ramo no estaban marchitas por lo que las puse mejor en un jarrón con agua y las dejé en la sala. Cogí el tupper con las sobras de la cena que guardé ayer y lo metí en el bolso. Salí del apartamento, cerré la puerta e hice camino hacia el trabajo.

Por suerte no habían aún parejas por la calle al ser un día laborable.

Al llegar a la oficina, dejé el tupper en la nevera y me puse a hacer café, si no era para ahora sería para un poco más tarde, no sabía a que hora había terminado la reunión de ayer, sólo esperaba poder hablar un momento con David.

Hice la misma rutina de siempre, dejé el bolso en el perchero, el abrigo y encendí el ordenador.
Al final tuve que ir a por un café con leche, volví a sentarme en la silla y a los tres minutos llegó David. Me levanté de un salto al verle y nos quedamos mirando fijamente por otros tres minutos más. 

– Buenos días Amanda – saludó con una sonrisa sin dejar de mirarme, pero me fijé en que estaba mirando mi cuello – Bonito pañuelo
– Buen día señor Preston – susurré de vuelta, mi mano derecha fue hacia el pañuelo y lo toqué levemente poniéndolo mejor. – Gracias señor – sonreí levemente y caminé hacia él quedando los dos cara a cara.

Su mirada siguió fija en mi pañuelo, su mano se movió hasta llegar a la prenda, donde la acarició y tiró de ésta hasta que el nudo quedó suelto dejando la marca a la vista. Me fijé en que sonreía, acarició la marca haciendo que un calor pasara por mi cuerpo hasta llegar a mi entrepierna, cerré los ojos en un jadeo. David aprovechó que tenía los ojos cerrados, besó y lamió la marca y luego subió besando mi mejilla hasta llegar a mis labios. Mis manos fueron a su cuello atrayendo así más su cuerpo al mío, olvidando por completo lo que quería decirle desde la noche anterior. 
Al separarse de mis labios, los lamió y pude recordar lo que quería decirle, aunque me temblaban las piernas por estar entre sus brazos. 

– ¿Qué son estas marcas, David? – pregunté lo más seria que pude mirándole fijamente. David cerró los ojos por unos momentos y cuando los abrió me besó la frente quedando más desconcertada que antes.
– Dijiste que te hiciera mía y eso hice – encogió sus hombros acariciando mi espalda, fruncí el ceño esperando a que siguiera. –  Soy un vampiro Amanda, sólo que eres la primera mujer en la cual dejo las marcas de mis mordidas – hice un intento de apartarme de su cuerpo, pero eso hizo que me atrajera más a su cuerpo.  – Cuando tocaste las marcas te sentí a mi lado, tenemos una conexión especial a través de mis mordidas... Fue una sorpresa sentirte masturbándote en la ducha, no estuve en tu apartamento pero sí pude sentir dónde estabas y el placer que tuviste con el orgasmo.
No supe qué decir a eso, no me esperaba que tuviera una conexión a través de las marcas, tampoco a que fuera un vampiro de verdad. Ladeé la cabeza sin dejar de mirarle, intentando ordenar todos mis pensamientos. 
– Entonces, ¿Fuiste tú quién me envió la invitación del Rapsodia? – pregunté con el ceño fruncido.
– Sí, desde que llegaste transferida de España y te vi, quise que fueras a la fiesta de Morgan. Lo que no supe era que al final llegarías a meterte debajo de mi piel de esa manera durante estos seis meses.

Cerré los ojos negando con la cabeza aún en los brazos de David Preston. Apoyé la frente en su hombro sin saber qué decir. Tanto tiempo viendo a muchas mujeres viniendo a buscarle, tocando su cuerpo y ahora resulta que era yo quién le había llamado la atención desde un principio. Me aparté de su cuerpo, haciendo que su abrazo se perdiera y quedé mirándole desde una distancia, necesitaba pensar un poco mejor.

– ¿Y qué pasa con todas esas mujeres que han desfilado por ésta oficina durante todos estos meses? – pregunté arreglando el pañuelo evitando mirarle. – ¿Porqué yo y no una de ellas? Sabes... No soy ninguna modelo como todas ellas, tengo mis curvas, David...
– Lo sé, pero creo que ahora realmente no importa, es San Valentín y quiero pasarlo contigo – acarició mi mejilla mirándome – Y si me dejas, podríamos comenzar una relación fuera de esta oficina.
Alcé una ceja cuando dijo eso, no estaba yo para relaciones estables, al menos no de momento, pero a la vez hacía casi un año que no tenía sexo, aunque ganas no me faltaban. Suspiré pasando las manos por mi cara hasta llegar a mi cabello y estiré algunos mechones.
– No quiero una relación estable ahora David, y más que me lo pidas en San Valentín un día que odio por culpa de mi ex novio. – me aparté un poco más de él y acercándome a la mesa cogí el café que estaba ya frío, le di un sorbo y no dije nada más.
– ¿Qué hizo tu ex para que odiaras éste día? – preguntó él acercándose a la silla sentándose en ésta.
– Fuimos a un restaurante lleno de parejas enamoradas y en medio de la cena no se le ocurrió peor humillación que dejarme, cortó nuestra relación. – suspiré cerrando los ojos y cruzando mis brazos sobre mi pecho mirando hacia el suelo.

Ninguno de los dos dijo nada, por lo que se hizo un gran silencio en la oficina, le miré de reojo y vi que me seguía mirando. Me pasé la mano derecha por mi cuello notando la marca de su mordedura arder, de vi que se tensaba por lo que dejé la mano en donde la tenía y me quedé mirándole.

– Está bien, acepto cenar contigo después del trabajo, pero nada de restaurantes elegantes, cenamos en mi casa y luego nos vamos al Rapsodia – comenté seria bajando la mano de mi cuello.
– Bien, iré cómo quedamos a las siete después del trabajo – sonrió abiertamente, se inclinó hacia mí y nos besamos levemente.

Se levantó sin dejar de sonreír y entró en el despacho para hacer la primera reunión de la mañana. ¿Qué había pasado? Negué con la cabeza levantándome y fui a la cafetería a calentar en el micro el frío café con leche. Me rasqué la nuca mirando cómo daba vueltas el plato con la taza, al final el admirador secreto resultaba ser mi magnífico jefe que a la vez es un vampiro. 
Saqué la taza y me quedé allí de pie bebiendo el café mirando fijamente aquél aparato, las voces de los hombres que iban a la reunión  con David me sonaban a las que siempre había escuchado a través del teléfono y después cuando venían al despacho. Eran voces roncas, llenas de sensualidad, metí la mano libre por debajo del pañuelo y rocé una de las marcas con el dedo, luego bajé hasta llegar a mis pechos, acaricié la marca del pezón cerrando los ojos, pero los abrí al escuchar un potente gruñido venir del despacho, luego se oyeron unas risas masculinas. 

Apreté el pezón un poco y luego lo dejé para seguir bebiendo el café con leche. Terminé de beber, limpié la taza y luego me giré para salir de la cafetería pero me encontré con David mirándome como si fuera un animal salvaje. 



Continuará

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