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Relato | El San Valentín de Amanda | Parte 4

14/4/15

Tercera Parte




– Mandy... Estoy en medio de una reunión, no vuelvas a hacer lo que has echo si no quieres que te haga el amor con público. – llegó hasta mí y tomándome de la cintura nos besamos de una manera salvaje, nuestras lenguas se encontraron acariciándose y nuestros cuerpos se unieron, noté su erección apretada en su pantalón por lo que gemí queriendo que cumpliera lo que había dicho aunque sabía que eso estaba más que mal.

Por suerte nos separamos los dos al mismo tiempo, jadeando y mirándonos con los ojos vidriosos por la lujuria. Llevé mis manos al pañuelo y lo desaté, me estaba molestando demasiado.

– Esto no quedará así Amanda – dijo David con los dientes apretados y la mandíbula tensa. Se giró sobre sus talones y regresó a su despacho donde se escucharon más risas.

Suspiré apoyando mi cuerpo en el borde de la encimera de mármol intentando recuperar el aliento  y la compostura para regresar a mi mesa y seguir con el trabajo.

A la hora del almuerzo, iba a ir a la cafetería a calentar el tupper, me encontraba de pie cuando la puerta del despacho de David se abrió por fin, pero salió Viktor Williams, un elegante hombre con el cabello largo recogido en una coleta baja, su cabello de color negro hacía juego con el color de sus ojos negros como la noche, al igual que hacía juego con su traje totalmente negro, parecía que le gustaba lo negro.
Nos quedamos mirando al otro sin decir nada. Él parecía analizarme de arriba a bajo y de regreso, estaba serio pero sus ojos parecían divertidos al llegar a mi cuello. Fue cuando recordé que la mordedura de David no estaba oculta por el pañuelo.

– ¿Puedo ayudarle en algo señor Williams? – pregunté algo incómoda por su revisión a mi cuerpo e imagen.
– Sí... David dice que en la nevera de la cafetería hay unas cervezas, ¿Podrías traer las seis que hay? – preguntó con media sonrisa antes de entrar en el despacho.
– Se dice por favor, ¡merluzo! – escuché desde dentro la voz de Markus White. Viktor puso los ojos en blanco y se volvió hacia mi.
– Por favor Amanda – volvió a sonreír levemente haciendo un gesto con la cabeza y luego se metió en el despacho sin esperar respuesta.

Suspiré negando con la cabeza y fui hacia la cafetería. Saqué las seis botellas de cerveza, el tupper lo metí en el micro encendiéndolo y luego saqué el abridor junto con la bandeja y puse las botellas encima de ésta con el abridor.

Fui con la bandeja en las manos, llegué a la puerta e iba a llamar cuando ésta se abrió sola dejando ver a los hombres que estaban reunidos alrededor de la mesa de David, me acerqué a ella dejando la bandeja, sentía los ojos de los hombres sobre mí, con un gran silencio. Vi de reojo a Viktor al lado de David y a éste con una sonrisa.

– Si necesitan algo más, estaré almorzando en mi escritorio. – dije con una sonrisa. Me giré y salí del despacho cerrando la puerta.

Llegué a la sala y saqué el tupper del microondas, cogí un tenedor y sentándome en la silla delante del escritorio comencé a comer la ensalada de pasta con pollo de la noche anterior y una botella de agua con  lima. Sabía que todos me habían mirado el cuello por lo que comencé a preguntarme si los cinco hombres que estaban reunidos con David también eran vampiros como él. Tal vez por eso se reían, por las reacciones de David cuando me acariciaba las marcas de las mordidas.

Llevé la mano a las marcas del cuello y las acaricié, segundos después se escuchó un gruñido y las risas de los hombres que habían en el despacho de David. Si no las tocaba no pasaba nada, pero si lo hacía parecía que el placer le llegara también a él. Suspiré dejando mi cuello y seguí comiendo tranquilamente. Pero la excitación que cargaba en mi cuerpo desde que David me había besado por la mañana, no me daba un respiro.
Así que cuando fui a limpiar el tupper después de terminar la ensalada, volví a acariciar mi cuello, que sufriera él un poco al igual que yo era lo justo, aunque con ello mi excitación se aumentara un poco más. Iba a secar mis manos cuando noté en mi espalda su calor y sus manos coger mis muñecas. Jadeé cerrando los ojos con media sonrisa cuando sus labios besaron mi cuello, luego su aliento chocaba en mi oreja.

– Deja de provocarme Mandy, porque en vez de cenar comida, te cenaré, y no quiero llegar tarde a la fiesta de Morgan. – susurró en mi oreja haciendo que me estremeciera y mi vello se pusiera de punta ante la idea de estar desnuda en la cama con él también desnudo encima de mi cuerpo.
– Esa sería una idea maravillosa, David – susurré dándome la vuelta en su abrazo. Le miré sonriendo, alcé las manos y acaricié sus mejillas. David movió un poco su rostro hacia una de mis manos buscando el contacto, luego cogió mis muñecas y besó las palmas de mis manos.
– A mis amigos les divierte lo que estás haciendo. – dijo mirándome a los ojos con media sonrisa, dejó mis manos y abrazó de nuevo mi cuerpo por la cintura. – Viktor y Markus se alegran que siente por fin la cabeza, aunque les he dicho que aún no es nada fijo, a ellos parece ser que les da igual. – apoyó su frente en la mía cerrando los dos los ojos, yo intentaba no reír por lo que pensaban esos hombres amigos de David.
– ¿Ellos son como tú? – pregunté abriendo los ojos y dejando un beso corto en sus labios, necesitaba sentirlos sobre los míos.
– Lo son... Y son mis amigos desde hace mucho tiempo Mandy, tanto que casi no lo recuerdo. – se formó una sonrisa tan seductora que hizo que me temblaran las piernas. – Por cierto, Morgan también lo es. – dejó escapar una carcajada y besó mis labios.

Más bien estuvimos un rato besándonos, con los cuerpos bien unidos, sus manos enredadas en mi cabello y las mías en el suyo. No se escuchaba nada en la oficina, pero ambos sabíamos que sus amigos estaban en su despacho. Su boca se separó de la mía y fue bajando hasta llegar a mi cuello donde lo mordisqueó y lamió, un jadeo salió de mi boca, tenía los ojos cerrados disfrutando de lo que hacía en mi cuello y la cabeza ladeada para dejarle más espacio.

Gemí cuando noté que mordía mi cuello, en concreto en la marca del día anterior. Mis manos bajaron por su cuerpo hasta llegar a la cintura de su pantalón, abrí la cremallera y metiendo la mano dentro descubrí que iba de comando, su piel era suave al tacto, caliente y duro como el acero.

– Mandy... Eres pura tentación – gimió aun en mi cuello, lamió y besó una vez más y separándose un poco de mí nos miramos a los ojos. Sonreí y acercándome lamí sus labios para luego besarnos. – Realmente tengo que regresar con los chicos, Mandy – susurró dejando besos cortos en mis labios mientras decía eso. Pero ambos sabíamos que ninguno de los dos quería separarse del otro.

No sabía de dónde venían esas ganas de estar con él, podría ser que siempre habían estado dentro de mí, pero había negado de esos sentimientos desde que me había dado cuenta que no podía hacer nada contra todas aquellas modelos. Saqué la mano de su pantalón con los ojos cerrados y me aparté de su cuerpo unos centímetros.

– No quiero ser una más David – susurré apartándome un poco más hasta casi quedar cerca de la puerta. Vi como se apoyaba en el mármol con la cabeza agachada.
– Lo recuerdo Amanda, pero recuerda que ibas a intentar darme una oportunidad después de esta noche. – dijo con voz calmada pero algo ronca por la excitación
– Sí, te la daré pero no quiero que te acuestes con otras, tendremos exclusividad. Si me entero o veo que no lo cumples me iré de aquí, dejaré de ser tu secretaria y no me verás más por más que me busques. – le dije con los brazos cruzados mirándole desde el marco de la puerta. Se había girado hacia mí para verme, parecía calmado por lo que le decía, no se veía arrogante como normalmente.



– Eso no pasará Mandy, las marcas te unen a mí. Eres mía y yo soy tuyo, no hay más que hablar, te escogí a ti por encima de todas esas modelos, porque me pareces una chica interesante con un fuerte carácter. – se acercó a mí acariciando mis mejillas, me tomó del rostro con suavidad y nos besamos de nuevo por unos segundos, luego se separó y se fue al despacho, donde los chicos cuando le vieron entrar dijeron a la vez “¡Ya era hora!”.

Reí entre dientes yendo a la mesa y me senté para seguir trabajando.


Pasadas dos horas, salió Viktor del despacho, cerró la puerta tras de sí y se acercó hasta donde estaba sentada, se agachó hasta quedar cerca de mi rostro y susurró.

– Si David llegara a cansarse, sólo llámame, tienes mi teléfono, iré a buscarte. – acarició mi cabello enredando un mechón en su dedo índice y siguió – Y no te preocupes por las marcas, sé cómo cambiarlas. – rió suavemente en mi oreja y dejó un beso en mi cuello por encima de las marcas de David, se levantó y se separó de mi.
– Gracias por tu oferta Viktor, pero no creo que eso llegue a pasar. – sonreí levemente cogiendo el pañuelo y me lo puse al cuello.
– Bueno, sólo tenlo presente por si algún día llegara a ocurrir. – sonrió y se fue por el pasillo silbando.

Negué con la cabeza incrédula por lo que me había dicho de llamarle si David me dejaba. Seguí con el trabajo y cuando regresó ni siquiera le miré cuando pasó por delante de mi mesa y entraba en el despacho de nuevo.


A la hora de salir esta vez la puerta del despacho no se abrió por lo que recogí mis cosas y la mesa llena de papeles, guardé las carpetas en los archivadores, me puse el abrigo y con el bolso fui a la cocina para coger el tupper, lo guardé y me fui de la oficina. Sólo esperaba que no tardara en terminar la reunión con sus amigos.

Llegué a mi apartamento, me duché y luego me puse a preparar la cena. Hice pollo al limón con patatas al horno. Cuando quise darme cuenta llamaron al timbre. Sonreí quitándome el delantal, debajo tenía el vestido nuevo que me había comprado. Abrí la puerta encontrándome con un David vestido con un pantalón tejano azul descolorido, una camiseta azul oscuro y una chaqueta de cuero con bufanda al cuello. Me miró de arriba abajo con una sonrisa, dio un paso adelante y tomándome de la cintura, me atrajo a su cuerpo y nos besamos.

– La cena se enfría, David... Has llegado cuando sacaba la bandeja del horno – dije al separarme de sus labios. Lo tomé de la mano entrando en el apartamento.
– Huele bien, ¿Pollo y limón? – preguntó sentándose en la silla que le indiqué. Le sonreí y entré en la cocina para preparar el plato.
– Sí, he hecho pollo al limón y patatas al horno, espero que te guste – dije aún con una sonrisa dejando los platos en la mesa, quedamos uno al lado del otro, se inclinó hacia mí y nos besamos una vez más.
– Seguro que me gusta si lo has hecho tu. – susurró en mis labios dejando un corto beso, nos separamos y nos pusimos a comer el pollo.

Comimos en silencio, al menos al principio, tenía preguntas por hacerle pero no estaba segura de querer saber las respuestas. Bebí un poco de vino tinto y le miré ladeando la cabeza.

– ¿Cuantos años tienes David? – le miré con suma curiosidad, comí un trozo del pollo esperando una respuesta, sonreí un poco para animarle.
– Si mal no recuerdo tengo seis siglos Mandy, también los chicos rondan la misma época – dejó escapar una carcajada al ver mi cara boquiabierta.
– ¿Morgan también? – pregunté sin creer que tuvieran tantos años. Él sonrió asintiendo con la cabeza y bebiendo un poco del vino.
Parpadeé sin creerlo aún, fruncí el ceño y seguí comiendo, miré mi plato y luego al suyo dándome cuenta de que estaba comiendo comida normal.

– ¿Y qué pasa con la comida y la sangre? – le señalé con el tenedor lleno de patata. – ¿Y qué me dices del sol? ¿Eh? – le fruncí el ceño y llevé el tenedor a mi boca comiendo sin dejar de mirarle.
– Lo de la comida y la sangre puedo decírtelo, pero lo del sol.... digamos que si te lo digo pierdo el misterio, ¿no crees? – sonrió llevando un trozo de pollo a su besable boca.
– Bueno, entonces dime lo de la comida – respondí con resignación terminando las patatas y bebiendo un poco más del vino.
– Bebo sangre antes de comer – se limpió la boca con la servilleta y dejándola alzó las cejas con una sonrisa.
– ¿Sangre de donde? – pregunté aun con el ceño fruncido, David movió las cejas y suspiré – está bien me doy por vencida – cerré los ojos pero luego le miré de nuevo – pero algún día tendrás que decírmelo.

Alzó las manos en señal de rendición con una sonrisa, haciendo que sonriera yo también, me levanté cogiendo los platos llevándolos a la cocina, saqué una copa con helado y dos cucharas. Regresé al comedor, dejé la copa delante de él y me senté en su regazo con una sonrisa. David pasó sus brazos por mi cintura acomodándome mejor encima suyo y cogiendo un poco de helado y comí un poco, me giré hacia él y nos besamos probando el helado entre los dos, me aparté cogiendo un poco más de helado y haciendo de nuevo lo mismo. Así nos pasamos hasta que se terminó el helado.

– Voy a terminar de arreglarme – sonreí dejando un beso en sus labios y me levanté para ir al baño.
Era la primera vez que compartía un postre con alguien, ni siquiera lo hice con mi ex ya que a él no le gustaba el helado. Me limpié los dientes y luego arreglé mi cabello. Salí del baño y regresé al comedor, me puse un abrigo encima del vestido de color rojo.
– ¿Te he dicho que estás hermosa con ese vestido? – preguntó apretando mi cuerpo al suyo besando mi frente.
– No, tus acciones me lo han dicho. Y más tus besos – sonreí acariciando sus mejillas. Nos miramos por unos segundos.
– Vamos llegaremos tarde a la fiesta de Morgan – me tomó de la mano y con la libre el bolso donde me lo tendió, me lo puse en el brazo libre y cogiendo las llaves salimos del apartamento.


Reí al ver el coche que tenía, tan llamativo como el dueño. Condujo por entre las calles de Londres hasta llegar al Rapsodia, había una cola de personas impresionante, dejó el coche en el aparcamiento, salimos y nos acercamos a la entrada.
El portero al ver a David hizo un gesto con la cabeza, saqué del bolso la invitación entregándola al hombre, la vio con atención, me miró a mi y luego a David. Asintió con la cabeza devolviendo la tarjeta y la metí en el bolso a la vez que entrábamos por la puerta a la discoteca. Dejamos los abrigos en el guardarropa y fuimos por la sala llena de gente y de música.
Poco a poco me estaba dando cuenta de que la gente nos miraba, haciendo que me preguntara, si era porque David estaba para comérselo, porque yo estaba con él, o porque todos sabían que David es un vampiro y ellos también lo eran. Noté su brazo en mi cintura atrayéndome a su cuerpo. Sonreí levemente y le di un beso en el cuello.

– ¿Nos miran porque me tienen envidia o por que ellos también son vampiros? – susurré aún cerca de su cuello mirando de reojo a la gente.
– Las dos cosas, Mandy – respondió él volviéndose hacia un camarero que pasaba cerca y cogió dos vasos con lo que parecía ser bloody Mary. Alcé una ceja cogiendo el vaso y lo examiné con algo de disimulo.
– ¿No es bloody mary cierto? – sonreí levemente olisqueando por encima del borde del vaso. Me sonrió y le dio un sorbo a su bebida.


Me giré hacia la gente que aún algunos nos miraban y vi que se acercaba a nosotros Morgan. Le sonreí mostrando divertida mi vaso, Morgan soltó una carcajada y llegó a nosotros.

– Me alegra ver que estáis juntos, aunque no todas puedan decir lo mismo – dijo él a modo de saludo besando mis mejillas.
Dio una mala cara a mi bebida y luego miró hacia David frunciendo el ceño.
– Tranquilo Morgan, que no lo voy a beber – sonreí dejando el vaso encima de la bandeja de un camarero, éste me miro con cara de circunstancias y luego a Morgan con cara de susto.
– Simplemente dale una copa de champán o lo que ella quiera – le hizo un gesto condescendiente Morgan y el camarero me miró sin decir nada pero esperando.
– Un ron con cola, gracias – sonreí hacia el camarero que éste se puso en marcha hacia la barra.

Al girarme hacia David lo vi hablando con una mujer que parecía bien melosa con él, suspiré sin saber muy bien si molestarles. Miré ahora a Morgan que estaba en una posición de madre enfadada con los brazos en jarras y fulminarle con la mirada.
Sonreí hacia Morgan cuando noté unas manos agarrando mi cintura, la cara de sorpresa de Morgan fue de risa, además que se había quedado boquiabierto por quien me cogía, por ese gesto en su rostro supe que no era David.

– No me puedo creer que se cansara tan rápido – dijo en mi oreja la voz de Viktor, su pecho se pegó a mi espalda haciendo que sus brazos rodearan todo mi cuerpo. – ¿Has hecho algo que provocara su cansancio?
– Quedamos en que le daría una oportunidad a partir de hoy, pero parece que no se la está ganando.  – respondí apoyando mi cabeza en su hombro y miré de reojo a Morgan que ahora tenía cara de disgusto.
– No me lo puedo creer...  – dijo Morgan incrédulo al ver que David ni siquiera había reparado en que estaba en los brazos de Viktor y viendo que David se iba con aquella mujer de pasarela.

– No te preocupes Morgan, sabía que esto pasaría. – le sonreí intentando quitarle importancia. – Viktor... ¿necesitas una secretaria? Creo que voy a dejar la empresa en la que estoy ahora. – me giré hacia él con media sonrisa. Viktor me miró fijamente hasta que sonrió y asintió con la cabeza.
– Me vendría genial una secretaria como tú, Mandy – los dos miramos a Morgan, me separé de los brazos de Viktor y me acerqué al rubio.

– Tal vez no hayas enviado tu mi invitación, pero te doy las gracias por haberte preocupado ahora por mi. Espero verte pronto de nuevo. – le di un beso corto en los labios y me separé de él, pero me cogió del brazo con suavidad.
– ¿Estás segura de querer ir con Viktor? Él tampoco es de los que tienen una relación estable con una única mujer. – dijo con preocupación. Me giré hacia el mencionado que se encogió de hombros sonriendo ya que lo había escuchado, luego me giré buscando a David, pero parecía que se había escondido con la mujer, miré de regreso a Morgan y sonreí negando con la cabeza.
– Estoy segura Morgan, Viktor está aún aquí, David no, por lo que yo decido con quien paso hoy la noche. Mañana que pase lo que quiera, tal vez me muera – reí por mi broma y abracé a Morgan antes de ir con Viktor. – Puede que al final no esté hecha para relaciones con un solo hombre.

Me giré a Viktor que sonrió abriendo sus brazos, me acurruqué contra su cuerpo cuando me abrazó y nos besamos, la chispa que sentía con David, con Viktor pareció intensificarse hasta crear una tormenta. Nos separamos después de ese beso demoledor y jadeando susurré.

– Sácame de aquí, Viktor. – escondí mi rostro entre su cuello y su hombro – no quiero ser más humillada.
– Claro – respondió dejando un beso en mi cuello.

Me separé de su cuerpo quedando su brazo por mi cintura y caminamos hacia la salida, ni siquiera me importó la bebida que había pedido. No quería estar allí, era un mundo de vampiros, uno que aún no estaba hecho para mí.

Llegamos al guardarropa, Viktor pidió mi bolso y la chaqueta, cuando la chica lo dejó en el mostrador Viktor me puso el abrigo y luego cogí el bolso. Salí de su mano, nos acercamos al aparcamiento. Se había levantado frío, por lo que me pegué más al cuerpo de Viktor viendo que aún había gente esperando en la entrada.
No les di importancia, al llegar abrió un mercedes de color negro, haciendo que riera por la vista, Viktor seguía vistiendo de negro, todo lo de Viktor era de color negro. Abrí la puerta del coche sentándome en el asiento pasajero poniendo el cinturón y cuando se subió nos pusimos en marcha saliendo del aparcamiento del Rapsodia. Cerré los ojos quedando el coche en silencio.

Cuando el coche se detuvo abrí los ojos viendo que no estábamos en mi apartamento, aunque no quería ir y recordar lo que había compartido con David. Miré por la ventana la casa que se alzaba entre varios árboles, era de estilo victoriano de color claro.
Vi a Viktor que me esperaba y le sonreí señalando la casa, salí del auto y me estiré parecía que habíamos tardado en llegar.

– Creí que tu casa sería de color negro – reí haciendo que él también se riera, me tomó de la mano y besó el dorso de esta mirándome fijamente.
– En mi casa lo único de ese color es mi ropa y las de la cama – sonrió y comenzamos a caminar hacia la entrada de la casa cogidos de la mano.

Ahora mismo no me importaba estar fuera de Londres, tampoco que tal vez Viktor y David dejaran de ser amigos por mi causa, ni que era lo que iba a hacer mañana por la mañana cuando ya no fuera San Valentín.
Viktor abrió la puerta, dejó que entrara primero, viendo la entrada y parte del gran salón que se abría a mis ojos. Todos los muebles eran art-decó y vintage, también habían algunos cuadros con pinturas de paisajes, pero una me llamó la atención. Me acerqué a esta viendo a siete hombres, dándome cuenta de que eran los de la reunión de esta mañana, entre ellos; Markus, Viktor, Morgan y David.

– Esa pintura es de cuando estábamos viviendo en Escocia – dijo Viktor a mi espalda. – Es sorprendente que después de tantos años aún todos estemos juntos. Como una familia bien avenida. – escuché su risa y abrazó mi cintura, apoyé mi espalda en su pecho y la cabeza en su hombro.
– ¿Me estás diciendo que ellos son tus hermanos? – le miré frunciendo el ceño, él sonrió asintiendo por lo que volví a mirar hacia el cuadro.
– Morgan... Es el padre biológico de David y Markus, los demás somos hijos de sangre, digamos que él nos convirtió en vampiros. – dijo con un tono nostálgico apretando mi cuerpo más entre sus brazos.

Me giré hacia él en su abrazo y acaricié sus mejillas con media sonrisa. No sabía porqué quería tenerme a su lado y no al lado de David, pero parecía que a Morgan tampoco le importaba que no estuviera con David, supuse que entre ellos se conocen, sobre todo con los años que llevaban juntos. Besé sus labios dándome cuenta que quería estar más con Viktor que con David.



Continuará


Final

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