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Relato | La Fiesta | Andariel Morrigan

4/2/16




No sabía qué hacía en aquel lugar, no era para mí. Estar rodeada de pijos millonarios, que se creían los dominantes del mundo, esas mujeres esqueleto, enjoyadas y sin nada en la cabeza a parte de sacarles la pasta a esos hombres.

Darius había insistido en que fuera a la fiesta de San Valentín para ricachones, y por más que le insistí en que allí no pintaba nada, me dio el vestido y los horribles instrumentos de tortura que eran para mí los zapatos de tacón, junto con una cosa; que según él era un bolso que dentro había la invitación para poder entrar. Me quejé, refunfuñé y le pasé el rosario, pero no hubo manera.

Así que ahí estaba yo, con la mini- cosa-bolso, de pie cerca de una mesa con mini-canapés -que nadie comía- y dando sorbos al champán. En cuanto nadie me veía me llenaba la boca con esas mini delicias. Viendo como interactuaban entre ellos, inflados cómo globos y pavoneandose mostrando a sus esqueletos emperifolladas.

Qué asco.

Había cambiado dos veces de copa, intentaba no poner mala cara, así que me escondía detrás del champán e intentaba pasar desapercibida lo máximo posible, pero una chica sola llama mucho la atención, lo quiera o no.

La música comenzó a sonar, algunas parejas se pusieron a bailar... Vals. Puse los ojos en blanco y de un trago terminé lo poco que quedaba del liquido y dejé la copa en la bandeja de uno de los camareros que rondaban cerca. De reojo vi como un hombre se acercaba hasta mí y se ponía a mi lado. Me moví algo incomoda y me preparé a que intentara ligar conmigo.





-Hola, llevo un rato observándote, y he pensado que...
-No intentes ligar conmigo, no te va a servir de nada. - le corté antes de que pudiera seguir.
Me miró sorprendido, me giré hacia la mesa y me dispuse a comer más canapés.
El olor masculino de la colonia de aquel hombre se colaba por mi nariz, pero lo que me comenzaba a descolocar era el delicioso aroma de su sangre.

Me llevé a la boca tres para poder ocultar los colmillos que comenzaban a salir y tomé otra copa de burbujas. El hombre seguía a mi lado por lo que disimuladamente di un paso hacia el lado contrario alejándome de su olor. Masticaba de manera pausada, mientras los dos teníamos la mirada fija en la gente que bailaba, aunque mi atención estaba más en el hombre que tenía aún a mi lado. Las encías me dolían por el intento persistente de ocultar los colmillos. Y no lo entendía pues antes de salir del ático me había alimentado lo suficiente para aguantar la fiesta y varios días más.
El vello lo tenía en punta aunque aparentaba indiferencia y relajación en mi cuerpo. Estaba por girarme a por más delicias cuando el hombre volvió a hablar.

-¿Quieres bailar? - me miraba fijo esperando a que contestara.
Se lo veía nervioso.
Respiré hondo para responder, pero fue peor pues me llenó el aroma de su sangre que me dejó noqueada por unos segundos.
-Claro, espera un momento... - busqué a uno de los camareros y le hablé - ¿Puedes hacerme un favor? Guarda el bolso y mis zapatos mientras bailo. - le dije, manipulando su mente para que obedeciera, me quité los zapatos y los dejé con el muchacho.


Me acerqué de nuevo al hombre y este con sorpresa pintada en su rostro nos acercamos hacia la pista de baile.

Bailamos con las demás parejas, nuestras miradas estaban unidas, pero podía ver que algunas de esas mujeres nos miraban y murmuraban entre ellas. A mi me daba igual pues estaba concentrada en no morder a mi acompañante.

-No me has dicho tu nombre- arqueé una ceja con media sonrisa después de llevar bastante dando vueltas.
-Rafael. -contestó cuando terminó la música del baile.
-Bess. - caminé de regreso a por mis zapatos, sintiendo que me seguía.
-Me da la impresión que no te gusta esto.

Le miré con una sonrisa cuando terminé de ponerme los zapatos, coger la cosa y despachar al muchacho.  

-Me han obligado a venir por más que me negara. - encogí un hombro para restarle importancia.





Estuvimos un rato hablando, me daba cuanta de las miradas de varias mujeres hacia donde nos encontrábamos. Sabía que Rafael, era uno de esos millonetis, que todas le buscaban, pero a él no le interesaban. Me lo dijo.

-¡Rafael! - apareció uno de los esqueletos andantes reclamando su atención - No me has saludado. - le reprochó ésta haciendo un mohín con sus labios y le apretaba un poco el brazo en un intento de que la mirara.
Puse los ojos en blanco mientras él la ignoraba completamente, esperando a que se largara por donde había venido. Pero parecía que no se enteraba.
-¿No ves que no le interesas? - pregunté harta de su presencia.
Ella me miró con cara de asco, yo alcé una ceja.
-Cierra el pico sucia vulgar. - contestó ella de mala manera.
-Ay... Lo que me ha dicho...
Se despegó de Rafael y se acercó a mi con la clara intención de seguirme insultando. Vi de reojo a Rafael que nos miraba con cierto aire divertido.

Cuando cabeza hueca abrió la bocaza por toda acción que recibió por mi parte fue un soberano guantazo en su cara de vinagre. Se llevó una mano a su rostro el cual tenía la marca roja de mi mano y me miró con odio, yo lo hice con desdén y viendo como se iba seguí hablando con Rafael como si nada.  
Me fijé en que la chica se marchaba hacia los baños, por lo que me disculpé con Rafael y la seguí.

-Vaya, mira quien ha traído el gato... - dije al entrar en el lugar y ver que estaba ella sola.
-¿Qué quieres?- preguntó con tono temeroso.
Me acerqué a ella con velocidad vampírica y le mordí el cuello. Mi mano izquierda tenia cogida su cabeza por el pelo, la derecha la tenía en su hombro y le mordía de manera salvaje. Tan salvaje y duro que los huesos comenzaron a crujir hasta el punto de quedarme con su cabeza en la mano y su cuerpo cayó al suelo.

Miré mi reflejo en el espejo, tenía la barbilla y parte del torso manchado de su sangre y una sonrisa marcaba el cuadro macabro. Dejé caer la cabeza girando hacia el lavamanos y arreglé el destrozo.
Cuando estuve limpia de sangre, arreglé mi cabello y luego salí de ahí. Encontré a Rafael con los brazos cruzados a cuatro pasos de la puerta.

-No tendrías que haber hecho eso. -dijo con aire despreocupado.
Yo encogí mis hombros.
-Me molestaba. - respondí simplemente. No tenía porque disimular nada, pues él lo suponía.
Él puso los ojos en blanco y se descruzó los brazos.
-Da igual. -se acercó a mi, atrapando mi cintura. - ¿Nos vamos?
-Eso no se pregunta.

Salimos del recinto de la fiesta y caminamos por entre las calles y callejuelas. Hasta llegar a mi ático.
Allí liberamos nuestra pasión y salvajismo. Por fin pude morderle, dejarle buenas marcas de mis colmillos, saborear su sangre y su sudor, marcándonos a fuego en nuestra piel.
Follamos hasta el amanecer, lo mordí y bebí de él pero nunca me quedaba saciada. Nos dormimos con nuestras extremidades entrelazadas.

Cuando abrí los ojos ya no estábamos en mi ático. Aquel lugar parecía el infierno.

-Feliz San Valentín, Erzsébet - dijo su voz gutural, ronca y sensual.
-Igualmente, Rafael. - sonreí de manera irónica con una ceja alzada.



Ah, ¿Que no os lo dije? Rafael es ese famoso arcángel, pero que vive en el infierno. Y es todo un dios del sexo y su sangre pura droga para mi.





«Primer día en el infierno de Erzsébet Bathory»








Imagen: Gabriel Aubry y Lilith vampira google


Para Sol Taylor por aguantarme



Obra registrada en safe creative con el codigo: 1602036432825 



Rafael

2 comentarios:

  1. Muy buena, es como si lo ocurrido fuera lo más normal del mundo. Siempre me gusta cómo mezclas los personajes históricos con los mitos sobre vampiros y sangre. Sigue así. ECN.

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  2. Hola guapa.
    Que buen relato. Me encanta, me he integrado en tu fiesta.
    ñam ñam vampiros.
    Me encanta rafael.
    Besos guapa.

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