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Relato | Amelia | Andariel Morrigan

7/3/16

«Antes del Apocalipsis»


Mi vida nunca fue fácil.
Desde pequeña tuve que sobrevivir en un mundo corrupto, lleno de mierda, donde si no eras rico, eras pobre.

Huérfana desde los cinco años, vi como mi madre se suicidó por culpa del borracho violador de mi padre.
Viví en una casa inmunda intentando que mi padre no me tocara. Siempre en la calle evitándole. Hasta que un día tuve que hacerlo, matar a alguien por mi vida. Le maté y luego estuve vagando por las calles, no esperé mucho a que me encontraran.
Me llevaron a una casa de acogida, pero vivir ahí fue peor que estar en la calle. Nadie me adoptó y siempre me escapaba de las casas para estar en la calle.

Un año conocí a una mujer extraña, creo que se llamaba Isis, y tendría que haberle prestado más atención, creí que estaba loca, pero ahora estoy segura que era la más cuerda de todos los que había conocido.

Decía que al ser humano le quedaba poco tiempo de vida en el planeta, habrían terremotos, el mar inundaría cientos de ciudades y luego el fuego lo consumiría todo a su paso. Nadie iba a salvarse.
Cuando no decía que el fin del mundo estaba cerca, estaba diciendo que todos los angeles habían perdido la fe en la humanidad y que todos estaban en el infierno, que nadie quedaba en el Cielo.
Y en eso creo que coincidíamos.
Maté a gente, robé para sobrevivir, y lo único que mantuve intacto hasta mi muerte fue mi virginidad.

Muy en el fondo de mi ser, sabía que lo que decía Isis era verdad.
Sólo hacia falta ver a mi alrededor, la mierda de mundo en el que vivía. Ella se suicidó, prefería eso al dolor del fuego. Fue mi amiga hasta ese día. Siempre lo recordaré porque cuando dejó de respirar, comenzó el principio del fin.

La tierra comenzó a temblar cuando cumplí los dieciocho, un día después de su muerte.

Las noticias hablaban de miles de terremotos en muchas localizaciones del planeta. En las placas tectónicas. Las siguientes semanas fueron las inundaciones de las ciudades.
Estaba horrorizada porque lo que dijo Isis se estaba cumpliendo y lo estaba viendo con mis propios ojos.

Habían millones de muertos. Nadie podía hacer nada, las naves de la NASA fueron destruidas por los terremotos. No habían medios de huir de la tierra.
Las personas enloquecieron, se mataban entre ellos, saqueaban supermercados, pequeñas tiendas de alimentación, pero todo era en vano.

A los dos meses de la muerte de Isis, llegó el fuego, viví lo suficiente para poder verlo todo. Ver todo el caos de la raza humana. Ver el fuego arrasar con la vegetación, con los humanos y los animales, antes de que los televisores dejaran de funcionar vi imágenes de los océanos sin agua.
El fin de la humanidad.
Cuando el fuego me rodeó cerré los ojos y dejé que todo pasara.

Y al abrir los ojos, me desconcerté, estaba en una habitación, cuando yo los cerré en la calle consumida por el fuego.

Luego lo vi a él, nuestra extraña conversación y la visión del planeta destrozado.

«Bienvenida al infierno, querida» dijo él.
Me levanté del suelo y lo miré nuevamente. No había llorado por el planeta, lloré por mi, al darme cuenta de que realmente las locuras de Isis fueron ciertas.

Ahora estoy en esta habitación, sin poder salir porque él dice que es peligroso para mi, hasta que no hable con las demás personas que viven con él.

Me he dado cuenta de que no tengo hambre, y que si pienso en un cambio de ropa ésta aparece en la enorme cama y es exactamente a la que había pensado.

Estuve un tiempo encerrada en la habitación, no sabia cuanto porque allí el tiempo no existía, según dijo él. Ninguno de los dos dormía, lo veía escribir en unas hojas amarillas, delante de él se encontraba un libro enorme con muchas paginas. No sabia qué escribía porque no entendía que idioma era ese. Y nunca me dijo nada. Era alguien distante, hablaba poco o nada, pero yo sabia que él estaba averiguando qué hacia yo ahí, tenía claro, que yo no debía estar en esa habitación, en esa casa. Pero ignoraba cual era la razón de estar ahí.




Mi rincón favorito de aquella habitación era la terraza. Podía ver el edificio anexo, él dijo que era La Biblioteca, pero también podía ver en el horizonte esa esfera que un día fue el planeta Tierra. A veces los gemidos que podía escuchar eran relajantes, pues cuando no eran los gemidos era un silencio escalofriante, roto sólo por gritos que me parecían que estaban llenos de agonía. Cuando los escuchaba, entraba a la habitación y cerraba la terraza, y respiraba tranquila, pues parecía una habitación insonorizada.

Él me traía novelas para leer. Por lo que no llegaba a aburrirme en ningún momento.

-Sigo sin saber porqué estás aquí - dijo un dia. -Pero puedes salir de la habitación, pasear por la mansión y si quieres puedes ir a la Biblioteca, pero a ningún lugar más, no puedes entrar en las habitaciones a menos que llames y te den permiso. A la única que tienes pase libre es a esta - me miró por si le estaba prestando atención. - Como has podido ver, no entra nadie tanto si estoy, como si no nadie entra aquí y ni siquiera llaman. Así que estas a salvo, y mira de no meterte en problemas.

Asentí con la cabeza y vi que regresaba a su escritura misteriosa. Por lo que aproveché en cambiarme de ropa y salí de la habitación para explorar mi nuevo hogar.
En el pasillo había a cada lado muchas puertas, las habitaciones prohibidas.
Tuve que memorizar donde se encontraba la puerta de la única habitación en la que si podía entrar y luego bajé la gran escalera. Había un gran salón con varias chimeneas encendidas y sillones, sofás, estanterías con más libros, y cuadros con unas pinturas un tanto tenebrosas.
Caminé por el salón hasta llegar a una amplia terraza, ésta tenía una mejor visión del planeta, por lo que me quedé ahí de pie, observando hasta que escuché unos pasos silenciosos en el salón, me giré y mis ojos se agrandaron al ver bailar a un muchacho completamente desnudo. Fruncí el ceño y volví a mirar hacia el horizonte.

Creo que todos están un poco locos.

Después de lo que me pareció una eternidad, me acerqué a las estanterías para ver los libros que ahí habían. Cogí uno, fui hacia uno de los sofás y me puse a leer.
Cuando alcé la mirada, vi que no estaba sola, habían muchos hombres sentados a mi alrededor, incluso el chico desnudo me miraba fijamente.

-¿Donde está Luc? - preguntó uno de ellos haciendo que me sobresaltara.
-En su habitación. Supongo- dije mirándoles con algo de cautela, pues el único que ahí conocía no estaba con nosotros.
-¿Cual es tu nombre? -preguntó otra voz.
-Amelia - quise decir el nombre de mi amiga Isis pero por alguna extraña razón no lo hice.
-¿Qué haces aquí?- otra pregunta.
-Ahora mismo, intentaba leer. Si te refieres a "en la mansión", pues no lo sé- respondí encogiendo mis hombros. Mis ojos se fueron irremediablemente hacia el muchacho desnudo, vi que era el único relajado y que sonreía.
Nuestras miradas conectaron y ya no atendí a más preguntas, creo que todos se fueron dejándome sola con el chico raro.
Ninguno de los dos habló, incluso creo que me desmayé porque cuando abrí los ojos estaba de nuevo en la habitación.

Ese chico sea quien fuera, era bien extraño y misterioso.



Relatos anteriores
La Fiesta Primer relato
Rafael Segundo relato
Samael tercer relato
Lucifer cuarto relato
infernus - (c) - Andariel Morrigan

2 comentarios:

  1. Heyyyyy esa Evelin es todo un caso!! jajaja
    me gusta nena, me gusta!!!

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