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Relato | Isis y Leviathán | Andariel Morrigan

4/4/16

Isis







Dejé pasar un tiempo prudencial, sabía que él la había dejado donde le pedí. Mientras tanto me entretenía con un alma en concreto, una que odié durante mucho tiempo. Le daba un cuerpo físico, le quitaba el sentido del placer, y lo torturaba incansablemente. Por culpa de ese imbécil, casi se me fue a la mierda el plan. Pero por suerte ella quedó intacta. Una virgen en el infierno, me da la risa solo de pensarlo. Sé que ella está bien. ¿Dónde mejor que en la boca del lobo? En una mansión llena de hombres que no soportan la presencia de mujeres, ella siempre debe de estar en la biblioteca y ninguno va a tocarla, para eso él sigue ahí.
Me costó tanto encontrar un alma pura en un mundo podrido, que cuando la encontré ya había matado para sobrevivir. La estuve vigilando de cerca, hasta que fue lo suficiente mayor para encontrarnos y hacernos amigas. Que pensara que estaba loca fue lo mejor, porque nadie que me escuchara iba a creerme, y menos ella. ¿Quién iba a creerse que a la raza humana le quedaba menos de un noticiario para la extinción? Nadie. Pero por alguna razón ella no se alejó de mi. Le dije todo lo que le tenía que decir. Y aun así, al final se rindió. Pero por suerte para ella, él llegó a tiempo para salvarla.
Ya ha llegado el momento de verla, voy hacia la zona de tortura favorita de Miguel a que me lleve hasta la mansión. Cuando llego, está torturando al padre de Amelia sin que sepa quien es él. Sonrío levemente al ver la cara de sorpresa de Miguel.
¿Isis?, ¿qué haces aquí? – frunce el ceño, deja caer el látigo que tiene en las manos y se acerca a mi, – se supone que tienes que estar con las almas que se suicidan. – Ya sabes que siempre he sido una rebelde – sonrío encogiéndome de hombros – Estoy buscando el alma de una chica y no la encuentro por ningún lado. ¿Sabes algo? – pregunto ladeando la cabeza sin dejar de mirarle. – Ahora que lo dices, creo que sí sé algo. ¿Tienes algo que ver con ella?
Sonrío un poco más encogiendo un hombro. Miguel suspira negando con la cabeza, seguro que no entiende nada. Me hace una señal para que lo siga y nos encaminamos hacia la mansión, llegaba el momento.






Leviathan






Nunca he sido un gran conversador, siempre me ha gustado ir desnudo por el infierno, dejando que los demás admiraran mi belleza. No he tenido problemas con ello, salvo los constantes ataques sexuales por los habitantes de La Mansión. De todos menos de Lucifer, y bien sabía el motivo, aunque él no tuviera idea. Ilógico, ¿no?. Mantenerlos alejados del Señor del Infierno siempre ha sido mi misión, y la mejor forma era teniendo sexo con ellos. No me quejo, esa es la segunda cosa que me gusta. El sexo. Cada uno con su estilo depravado distinto entre ellos. No tengo un estilo preferente. Y cuando ella me envió a la tierra a buscar la única mujer pura tanto física como de alma... Al principio, me sorprendió, luego me extrañó y cuando me dijo quién era ella en verdad... Fui a buscarla. Que remedio, ¿no?. La dejé en la habitación de Lucifer y esperé a que ella apareciera.
Mi autentica naturaleza nadie la sabe, salvo ella, porque ella tiene una parte de mi. O yo tengo una parte de ella.
Me encontraba en el sofá, esta vez vestido, cuando la puerta de La Mansión se abrió, Miguel entró seguido por ella. Sonreí levemente al verla. No necesitó anunciar su presencia, todos nos encontrábamos en el edificio, incluso la chica. Por lo que en poco tiempo estábamos reunidos en el salón a la espera de una explicación.
Pasarán millones de años antes de que la tierra sea habitable de nuevo. Nosotros viviremos entre este mundo y el otro. Y una nueva raza habitará en la tierra. – Isis hizo una pausa, nos miraba a todos pero al final terminó por mirar a Amelia – Y hay que comenzar contigo – sonrió y posó sus ojos en Lucifer.
Nadie dijo nada, era clara la sorpresa de todos en la estancia. Estaba claro, pero nadie lo tenia del todo claro.
Ella es a quien has estado esperado durante tanto tiempo, cada hija que tengas será para cada uno de los aquí presentes. – dijo mirando a Lucifer que tenia el ceño fruncido. – Así fue predicho hace mucho tiempo. Solo que, no voy a dejar aquí a mi hijo.
Esa fue mi señal, me levanté y senté junto a ella. Mi misión había concluido, pero no iba a hablar por más que me miraran sorprendidos. Encogí mis hombros con media sonrisa.
Isis estuvo explicando un poco más sobre la profecía, mientras yo estaba perdido en mis pensamientos. La tierra iba a ser habitada por las generaciones venideras mestizos de demonios y ángeles caídos con el único y último rastro que quedaba de humanidad. Sabía que yo no iba a participar en ello. Me merecía un gran descanso sexual, al fin y al cabo yo fui el primer mestizo nacido en el infierno.
Mi mirada se dirigió hacia el ventanal, hacia la imagen fija de la Tierra. Un lugar que no era para mi, pero que ni anhelaba ni codiciaba. Después de que discutieran mucho, los dos nos fuimos de allí, sin decir nada. No hacia falta y no me gustaba hablar por rellenar el silencio.
Había quedado claro, los demonios iban a habitar en la tierra dentro de poco y con ellos una nueva raza. Ni mejor ni peor. Ni rastro de la antigua humanidad. Ningún Dios ni religión.
Todo estaba por verse, Isis y yo sólo íbamos a ser simples espectadores.










Relatos anteriores

La Fiesta Primer relato
Rafael Segundo relato
Samael tercer relato
Lucifer cuarto relato
Amelia quinto relato
Miguel sexto relato

infernus - (c) - Andariel Morrigan

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