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Nata y Chocolate

6/11/13

Relato corto homoerótico vampírico


Johann es Cat Casino
                             Michael es Michael Vampire









Los personajes son de Trinity Blood


Había hecho la compra por la tarde, después de que se fuera el sol. Sólo necesitaba mucha nata y mucho chocolate para lo que quería hacer, también compre dos botellas de V para la cena. Ahora sólo faltaba que llegara mi pequeño Johann para lo que tenía pensado.
Él decía que iba a venir para la cena y así lo esperaba.

Y así, a las nueve sonó el timbre. Sonreí mostrando mis colmillos y fui a abrir la puerta; allí estaba él con su ropa negra y su piercing en el centro del labio inferior, ellos escondían una condenada lengua con otro piercing que hacía que me retorciera en la cama.

    - Espero no haber llegado tarde. - sonrió haciendo que soltara un buen gruñido mientras le cogía por la cintura y lo estrechaba entre mis brazos para besarle.
Sus brazos rodearon mi cuello y comenzó a empujarme hacia adentro para poder cerrar la puerta.
  • Estás ya duro Mich – susurra después de separarse de mis labios y sonrió. - creo que puedo hacerme una idea de tu plan de esta noche. -lame mis labios mientras sigo gruñendo.
  • Tú me pones duro Johann, tú y tu sabrosa boca. - contesto apretando sus nalgas enguantadas con cuero mientras él reía.
  • Entonces...¿Has comprado V? - se separó de mi cuerpo pero me cogió de la mano para ir hacia la cocina.
Allí nos esperaban las dos botellas de sangre V para calentar al microondas. Mientras se calentaba volví a concentrarme en su cuerpo, metí las manos dentro de su camiseta negra y acaricie su vientre subiendo por su torso.
Besaba y mordía su cuello, cogí el borde de la camiseta y tiré hacia arriba para quitarla, la dejé caer al suelo, luego él quitó la mía.
Cuando las botellas estuvieron listas, cogí los dos vasos que usábamos y serví la sangre. Bebimos unos tragos y fuimos hacia la habitación, entre besos sangrientos.

La habitación estaba decorada con velas aromáticas encendidas, en la mesilla nos esperaban los botes de chocolate y nata.

Dejé las dos botellas en la cómoda y regresé a besar sus labios. Llevé las manos a su pantalón y lo abrí notando como él hacía lo mismo con los míos.
Se separó de mis labios bajando por mi cuello hacia mis pezones; los mordisqueó y chupó hasta dejarlos duros, bajó un poco más por mi cuerpo hasta llegar al pantalón y lo bajó dejando libre mi pene erecto. Lamió la punta terminando de bajar el pantalón, di unos pasos y vi como apartaba más la tela arrugada y se acomodaba para trabajar en mi dureza.
Jadeé con la cabeza hacia atrás y los ojos cerrados, su piercing rozando mi eje volviéndome loco del deseo por él.

  • Basta, tengo unas cosas para ti, mi amor – sonreí acariciando sus mejillas viendo sus labios hinchados. Lo ayudé a levantarse y terminé por desnudarle. - A la cama, precioso. - dejé un beso en los labios y le di un azote en su trasero cuando fue hacia la enorme cama.
Lo seguí y me subí a ella. Estiré sus brazos hacia arriba y a los lados atando sus muñecas en las esposas que habían en el cabezal. Lamí sus labios estirando un brazo hacia la mesilla para coger el chocolate.
Unté dos dedos en el líquido marrón para luego pasarlos por sus labios, su lengua salió a atrapar el chocolate y antes de que terminara lo besé de nuevo. Me senté a horcajadas en su vientre notando su miembro entre mis nalgas y sonreí dejando caer un poco de chocolate en sus pezones, segundos después los chupé dejándolos bien duros.

Me acomodé entre sus piernas que quedaron bien abiertas, con un poco de telequinesis alcé el bote de spray de la nata y al cogerlo con la mano libre esparcí los dos alimentos encima de su miembro semi-erecto, los moví de regreso a la mesilla y me dediqué a lamer su miembro.

Poco a poco fue endureciéndose, sus gemidos y jadeos sonaban por toda la habitación. Fui hacia su ano lamiendo su entrada mientras lo masturbaba un poco.
-Mich... Te necesito- suplicó entre jadeos.
Me aparté de él para acomodar mejor su cuerpo en la cama, luego con un poco de lubricante mojé mi miembro y fui entrando en su interior. Mordisqueé su cuello y labios, solté sus muñecas y él aprovechó para abrazarme tanto con sus brazos como con sus piernas haciendo que entrara más en él.

Comencé a moverme dentro suyo, estaba tan estrecho pese a que lo había dilatado mil veces para mi miembro que igualmente me volvía loco, estaba también caliente.
Su dureza quedaba entre nuestros cuerpos por lo que hacía fricción masturbandole, nuestros gemidos se entremezclaban con nuestros gemidos. Hacía días que no nos acostábamos porque me había tenido que ir a hacer unos trabajos en Europa, iba a aprovechar el momento.
Aumenté la velocidad más rápido y duro. Hasta que los dos llegamos a la vez al clímax. Definitivamente iba a ser una noche muy larga.

Para ti. Para todos

8/4/13



Leer algo que piensas que no puede dolerte, 
y sin embargo te duele más de lo que puedes llegar a soportar.

Lloraría, pero es absurdo hacerlo por alguien que no merece la pena, 
por esa persona a la que no le importas 
y que ni siquiera sabe de tu existencia.


Pese a todo eso,
 no puedo dejar de sentir ese fuerte dolor en el pecho,
 sólo de imaginar que no estarás ahí. 
Por más que lo intente no puedo dejar de buscarte entre las sombras 
aún sabiendo que estás con otro 
y no me harás caso.

Basta de este insufrible dolor.
Ya no más, ya no serás nada para mi, 
más que un simple borrón en mi vida.
Cuando te des cuenta de que lo que has hecho está mal... 
No estaré esperándote.

Para ti, para todos. 

Primera cita - Undertaker y Grell

18/1/13



Imagen: Undertaker y Grell Sutcliff - Kuroshitsuji
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Había cedido a las interminables peticiones de Grell en tener una cita conmigo.
El pobre necesitaba algo de atención. William le ignoraba y Sebastian lo trataba demasiado mal, para mi gusto.
No podía entender porque Grell no dejaba ya de molestarles. De vez en cuando le veía suspirando en la biblioteca mientras él ponía bien los libros y yo me llevaba unos cuantos.

Quedamos en el jardín, cerca de un ventanal y ya entrada la noche, me había puesto... Bueno, había dejado de lado mi vestimenta habitual. Lucía un esmoquin negro, con una camisa blanca, una corbata roja, porque a él le gustaba el rojo. Me quede apoyado en la pared con los ojos cerrados mientras le esperaba.

Esperaba que llegara de manera escandalosa, como siempre solía hacer cuando se dejaba ver en todos los lados del mundo. Pero aquella vez fue diferente. Me di cuenta de que estaba allí cuando una brisa llegó a mi nariz, su colonia llego hasta donde estaba haciendo que abriera los ojos y me girara para verle.

Se había recogido su rojo cabello en una coleta, y se había puesto bien la gabardina que un día fue de Angelina. Tenía las mejillas sonrojadas y parecía que emanaba cierta timidez de él. Me había quedado bien sorprendido por como había llegado, silencioso como un gato.

Le dediqué una sonrisa y me acerqué a él haciendo aparecer un ramo de rosas rojas. Los tacones que llevaba resonaban por aquel pasillo. Le tendí el ramo aun con una sonrisa esperando que lo aceptara.
Hice una inclinación en forma de agradecimiento cuando por fin decidió quedarse con el ramo de rosas. Terminé por acortar la distancia que nos separaba y pasé mis manos por su cintura atrapando su cuerpo. Mi mirada era algo intensa, ninguno de los dos había abierto la boca para decir algo. Comenzaba a preocuparme Grell por lo que terminé en besar sus labios, notando como su cuerpo se estremecía entre mis brazos. Esa era la reacción que esperaba, pero sin embargo terminó por pegar su rostro en mi pecho y llorando. Cerré los ojos y comencé a acariciar su cabeza para calmarlo.

Podía comprender aquel dolor que tenía en su pecho, siempre estaba observando de lejos sus movimientos estrafalarios, una máscara ocultaba el dolor que sentía porque ninguna de las personas que amaba le prestaba la atención que él se merecía. Mi mano recorrió su cabeza hasta llegar a su barbilla haciendo que alzara la cabeza para que me mirara. Limpié sus lágrimas y terminé inclinándome para dejar un suave beso en sus labios, esperando así calmar su espíritu.

Cuando sonrió levemente le tome la mano para dar un paseo hasta su habitación, sabía como llegar, sabía como calmar su alma y como llegar hasta él para que dejara de lado las ganas terribles que tenía de conquistar a Sebastian y a William, sabía a la perfección que Grell amaba intensamente a William, con Sebastian solo era ganas de batallar con alguien, pese a que un día casi termina muerto si no hubiera intervenido William.

Abrí la puerta de su habitación sin pedirle permiso, tiré de él y lo empujé hacia dentro. Lo arrojé a la cama y lo dejé allí para quitarme la chaqueta y la corbata, dejé abierta un poco la camisa blanca y me subí a la cama quedando encima suyo pero sin tocar su cuerpo. Mi mano fue al coletero dejando suelto su rojizo cabello.

Esperaba que después de esta noche cambiara de opinión y dejara de buscar lo que yo le había ofrecido... Durante toda la noche sin descanso.


Trinity Blood - 5 -

2/1/13





Belleza de la noche oscura. Por Michael.

Aquel chico parecía un perrito abandonado, más que un vampiro, había algo en él que me decía que tenía que protegerlo porque había sufrido mucho en su vida. Parecía que fuera mayor que yo, pero él era el niño perdido que necesita protección. Cuando lo abracé en el rellano fue una confirmación de todo lo que había estado pensando desde que lo vi en el parque sentado en aquel columpio, tenía un olor muy agradable.

Al llegar a mi apartamento se movió lo justo para dejar la chaqueta y dejarme ver su trasero, se sonrojó haciendo que sonriera, definitivamente era un vampiro peculiar. Me quite la chaqueta y la bufanda, iba en manga corta ya que en el apartamento había dejado puesta la calefacción, así que podían verse los tatuajes que tenía. Me acerque para dejar en el perchero la ropa y luego volví a tomar su mano. “Ven no voy a hacerte nada malo”, susurre tirando levemente de él, con una sonrisa y con aquella mirada salvaje que decían mis amigas que tenía. Pasamos al salón y me quedé mirando esta tenía muy poca cosa que enseñar u ofrecerle, éramos vampiros, poca cosa nos hacía falta en la vida.

Siéntate aquí, tengo un poco de sangre por si quieres, mas bien tienes cara de necesitarla” Acaricié su mejilla con la mano libre, tenía la piel muy suave, su mano apretó la mía haciendo que se me fueran las ganas de irme unos segundos a la cocina que estaba cerca, ahora parecía lejos. Tiré de su mano para que su cuerpo chocara contra el mio, le abracé y seguí mirándole fijamente, esperando a que me empujara o diera alguna señal para saber que aquello no le gustaba; pareció simplemente que se dejaba hacer, sin decir una palabra fuera de lugar, mirándome fijamente.

Me acerque un poco a su rostro tentando el terreno, un roce de mi nariz en la suya, mi aliento golpeando sus labios, pero me aparté para ver de nuevo su rostro. No parecía tener miedo, como tampoco querer huir, besé su frente, su mejilla derecha y luego un leve roce en sus labios. Nada, ninguna señal que me hiciera pensar que debía parar, por lo que aproveché la oportunidad que me estaba dando en aquel momento, para besar sus labios algo suave pero salvaje. Fue un beso corto pero intenso de esos que te hacían desear más, lamí sus labios con una sonrisa, cogí su mano y tiré de él para ir a mi habitación.

Mi habitación no era nada del otro mundo, solo cabía mencionar que las paredes estaban empapeladas con posters de grupos de música rock, metal… Puse la luz a medida, para crear un poco de ambiente, las cortinas estaban cerradas para cuando saliera el sol, bueno, más bien no las abría casi nunca si no tenía un día de sexo con alguien. Vi como se comenzó a quitar la ropa haciendo que lamiera un poco mis labios sin quitarle los ojos de encima. “Si no quieres hacer esto no te veas en la obligación.” Él me miró con media sonrisa, por lo que tuve que ladear la cabeza. “Hago esto porque lo necesito”, respondió él sin más, tirando la camisa al suelo dejando ver su piel blanca; mordí mi labio inferior y comencé a quitarme también la ropa sin apartar los ojos de él.

Quedamos en calzoncillos al mismo tiempo, el suelo no se notaba frío ya que le había puesto moqueta, solo para disimular frente a mis presas. Di unos pasos hacia él, que hizo lo mismo, se puso a acariciar mi pecho, subiendo por mis hombros hasta quedar colgado de mi cuello.

Mis manos acariciaron su cintura antes de abrazarle. Esta vez fue él quien me besó, lo atraje más hacia mi cuerpo para sentir su piel. El beso fue algo mas largo, atreviéndose incluso en colar su lengua en mi boca donde pareció que comenzamos a combatir por quien dominaba a la otra. Sin darme cuenta terminamos en la cama, yo encima de su cuerpo, sin separar nuestras bocas, mis manos no dejaban de acariciar su piel, las suyas hacían lo mismo con la mía.

Terminé por quitarle el calzoncillo dejándolo caer al suelo. Mis labios fueron recorriendo cada parte de su cuerpo dejando besos o mordiscos, escuchaba sus jadeos eran como música para mi. Por donde pasaba mi boca, mi cabello acariciaba su piel, era suave, me daban ganas de acariciar su cuerpo toda la noche, pero mi intención era excitarlo, tenerlo para mí, en mi cama durante lo que quedaba de día, y tenerlo un poco más al día siguiente hasta el atardecer, donde los dos pudiéramos despedirnos bien.

Me quedé entre sus piernas con una sonrisa, donde acaricie sus muslos y piernas. Lamí un poco mis labios, para con mis manos tomar su miembro comenzando a dejar cortas lamidas ya que quería ver las reacciones en su rostro, estaba seguro que nadie le daba un buen sexo desde hacía años.

***

Como predije fue una noche genial, perdí la cuenta de cuantos orgasmos tuvimos los dos, al final de la noche caímos rendidos. Lo peor fue el despertar, él no estaba cuando yo lo hice, no había ni rastro de él, solo quedaban indicios de que no fue un sueño porque las sábanas seguían manchadas. Ninguna nota de despedida, ningún perdona, nada por el estilo. Me preguntaba qué era lo que había hecho mal para que se fuera huyendo. Pero lo que me sorprendió más fue no saber a que hora se había ido, solo esperaba que no se quemara… Bueno, ciertamente no sabía nada de él, no podía ser que el chico fuera un miembro de ese famoso clan de vampiros qué podían salir a la luz, siempre había pensado que eran leyendas o meros rumores de vampiros aburridos.

Salí a cazar después de arreglar la cama y de ducharme. Necesitaba encontrar a alguien que me sacara a Johan de la cabeza, pero temía no encontrar a nadie a la altura de aquel precioso vampiro que había tenido en mi cama. Era una verdadera lástima. Le necesitaba de nuevo, quería conocer mejor al chico, quería llegar a amarle y sacarlo de ese pozo de soledad en el que me pareció que se encontraba, pidiendo a gritos silenciosos que alguien lo sacara de él. Johan era el chico vampiro con el que había estado soñando por años, aquella extraña mujer que me decía que había un vampiro que necesitaba de mi ayuda. Ahora estaba seguro que se refería a él.

Trinity Blood - 4 -




Un cuento de hadas que comienza en navidad. Por Johan Lightman.

Era navidad pero hacía ya tiempo que en casa no celebrábamos nada, pues no había nada que celebrar. Bueno, no celebrábamos ningún tipo de fiesta en casa; hacía tiempo que perdimos ese entusiasmo. Ahora me encontraba en el sótano donde estaba Andrei en su letargo, salía poco del sótano o de la mansión. Amelia insistió en comprar una con muchas habitaciones pese a que fuéramos pocos, tenía la esperanza de que algún día se llenara de más gente o invitados.

Subí las escaleras entrando en la cocina estaba todo muy silencioso, no estaban en casa, por lo que aproveché en subir a mi habitación y darme una buena ducha. Cuando salí seco y desnudo, abrí el armario para buscar algo que ponerme, yo también iba a salir. Me puse un bóxer de color negro, calcetines negros, unos jeans desgastados y ajustados, una camiseta interior, una camiseta normal y un jersey todo negro, no me gustaba tener nada en color, pero si camisetas con estampados de logos de grupos de música. Cogí un abrigo marrón oscuro con gorra que llevaba una especie de pelusilla que abrigaba. Me lo puse caminando por el pasillo, cerré bien la cremallera y cuando estuve en la puerta de la entrada estaba nevando por lo que cogí mi paraguas negro y salí a fuera cerrando la puerta.

Me fue bien ir paseando hasta la ciudad, nuestra mansión estaba algo alejada de las calles comunes. Era media tarde pero parecía que no había nadie por la nieve que caía, yo la verdad es que no me importaba mucho que no hubiera gente, así me ahorraba las miradas que caían sobre mi. Termine por llegar a un parque para niños con columpios, me acerque a uno de ellos, aparté la nieve y me senté, como el paraguas no cabía muy bien lo cerré y me puse el gorro, igual parecía que ya había dejado de nevar.

Al comenzar a mover un poco el columpio alcé la mirada del suelo nevado al notar a otro vampiro cerca. Estaba en la entrada y parecía mirarme fijamente por lo que ladee la cabeza tenía un aire salvaje que hacía que se me calentara el cuerpo aunque estuviera falto de sangre. Ni siquiera me había dado cuenta de que había oscurecido, tal vez por eso se me había quedado mirando, no tenía ni idea. Suspire cerrando los ojos y volví a mirar hacia la nieve y moviendo el columpio conmigo. Al alzar la mirada para verle de nuevo esta vez vi que había terminado delante de mí pero lo justo para vernos bien. Me levanté de un salto algo sonrojado, era un juego para niños por lo que se suponía que yo no tenía porqué estar sentado en él.

Seguí mirándole fijamente ya que ninguno de los dos parecía tener la intención de hablar primero, por lo que suspire de nuevo. El calor pareció subir un poco mas, parecía como si tenerlo mas cerca provocaba aquello, pero no sabía muy bien del porqué, era una cosa extraña. Moví mis ojos en su figura, quería verle mejor. Cabello largo hasta los hombros, un poco ondulado y negro. Sus ojos eran morrones casi negros, iba abrigado para parecer humano, su ropa igual era negra como la mía, estilo roquero. Mordí mi labio inferior moviendo un poco el piercing que tenía en el centro de este. El vampiro desconocido parecía que tuviera ganas de tener sexo, me daba la impresión de que yo sería la cena. Sonreí de lado aun sin atreverme a hablar, hacía años que no hablaba con desconocidos, al igual que con las chicas de casa.

¿Quieres venir a mi casa? Pareces perdido.” Al escuchar su voz todo mi cuerpo tembló por un escalofrío. Tenía que dejar de hacer eso, no era bueno. Vi que había tendido su mano hacia mí por lo que terminé por fruncir levemente el ceño, no sabía muy bien si sería bueno para mí ir con un desconocido a su casa. Pero sin darme cuenta me vi tomando su mano aceptado ir con él, no necesitaba hablar mucho, pues no lo veía muy necesario. Pero volvió a invadirme un calor por todo el cuerpo desde su mano, le mire frunciendo el ceño levemente, entre medio de la bufanda podía verle un tatuaje que me pareció una calavera en el pecho y unas letras, sonreí levemente, “¿Vamos?”, susurre y él comenzó a caminar por lo que con el paragua en la mano me puse a caminar con él.

No se me ocurría muy bien qué podía decir mientras íbamos a su casa, pero él tampoco parecía muy dispuesto a hablar. Le miraba de vez en cuando de reojo descubriendo que me miraba también, apartaba la mirada de él hacia otro lado intentando no sonrojarme, ni siquiera ninguno de los dos había dejado la mano del otro es más él la apretaba como para asegurarse de que seguía allí y luego lo aflojaba como si me dijera que me podía ir si quería pero le devolvía el apretón sin saber muy bien el motivo.

Mi nombre es Michael”, murmuró parando por lo que también lo hice y nos quedamos mirando, él esperaba que hablara pero se me había ido el santo al cielo con mirar sus ojos. “Johan…”, logré responder con algo de dificultad, sonrió y se giró a lo que me pareció que era una puerta; ya habíamos llegado y ni me di cuenta. Me había dejado la mano para abrir mejor la puerta, haciendo que por unos momentos me sintiera desprotegido del mundo.

Al girarse de nuevo hacia mi vi que parecía preocupado y me tomo de nuevo la mano suspirando y cerrando los ojos. ¿Qué había sido aquello? ¿También necesitaba mi presencia o qué? Entre después de él que se quedó aguantando la puerta dejando mi mano de nuevo. Me quede mirando el rellano de espaldas a él pero lo note moverse detrás de mí hasta que me abrazó por la espalda. Mi cuerpo se tensó en un segundo y apretando los dientes, pero mi cuerpo se aflojó al notar unas caricias suaves en mi vientre, ladee la cabeza para verle, tenía los ojos cerrados pero con una sonrisa cálida. Hacía tiempo que nadie me sonreía así, ningún chico, ni tan solo Nox cuando fuimos pareja.

Abrió los ojos de golpe a la vez que se apartaba de mí, cerré los ojos un poco aliviado por aquello pero a los pocos segundos lo necesité de nuevo cerca. “Bien es en la segunda planta, vamos.” Me tomo la mano y pronto me puse a seguirle sin decir de nuevo nada. Me preguntaba en qué estaría pensando al abrazarme. Comenzaba a preguntarme qué me esperaría al cruzar la puerta de su apartamento; ¿más abrazos? ¿Besos?... Tenía que dejar de divagar en esas cosas, pero en el fondo quería que de verdad lo hiciera. Pero no esperaba que fuera ese chico que un día dijo Hela que llegaría a mí, ese chico salvaje necesitaba a alguien a su altura, no alguien como yo que no salía de su casa y que hablaba con una estatua que era su padre.

Lamí mis labios sin darme cuenta mientras miraba su trasero fijamente, aquellos pantalones eran demasiado ajustados como para no llamar la atención de uno. Cuando llegamos volvió a abrir la puerta entrando primero, pasé sin decir nada, lo justo para que pudiera cerrar la puerta, quedando de nuevo de espaldas.

Me quité el abrigo dejándolo en el perchero que había allí junto con el paraguas, me giré y lo sorprendí mirando también mi trasero. Sonreí levemente sin saber que más hacer, seguía con aquella mirada salvaje, tal vez necesitaba que lo domesticaran un poco.

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